Capítulo 70 70

—Que Madrid sea mi oficina, pero no mi hogar.

Lo miré.

—Eso suena bien.

—Esperaba algo más.

—¿Como qué?

—No sé. Una emoción visible. Una lágrima. Una declaración.

—Puedes esperar sentado.

Dante sonrió.

—Entonces voy a sentarme.

Lo hizo en mi silla.

La negra.

La de la cabina dos.

—Levántate.

—¿Qué?

—...

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