Capítulo 3 Frente al calor del fuego
Olivia sentía las mejillas calientes y una agradable ligereza en el cuerpo. El fuego frente a ellos contribuía al calor de la habitación, pero sospechaba que el alcohol tenía mucho más que ver con aquella sensación.
Debería haber dejado de beber después de la primera copa, en especial porque estaba en casa de un casi completo extraño, pero había pedido una y luego otra más.
En su defensa, Nero ya no parecía tan peligroso.
No estaba ebria… aún. Pero una copa más y probablemente lo estaría. Ya había comenzado a reírse más alto de lo normal.
Desafortunadamente, el alcohol no había conseguido que Nero se relajara siquiera un poco. Seguía sumido en ese silencio taciturno y se limitaba a responder con frases escuetas. Pese a ello, a Olivia no le parecía mala compañía.
Giró la cabeza y miró a su acompañante. Esperaba que él no decidiera echarla. Afuera, la lluvia no había dado un segundo de tregua, ni siquiera una hora después.
—No eres muy hablador, ¿verdad? —preguntó.
Él apartó la mirada del fuego y la fijó en ella. Olivia se encontró con sus ojos y, por un instante, simplemente se dejó arrastrar por la profundidad que encontró en ellos, tratando de descubrir qué se escondía en su interior. Había algo intenso en su mirada que la hacía sentirse extrañamente inquieta.
—No —respondió.
Ella soltó un bufido mezclado con una risa. Se cubrió la boca con una mano, mientras una carcajada sonora y exagerada escapaba de sus labios.
—Lo siento —dijo, todavía entre risas—. Es solo que…
Las risas no la dejaron continuar.
Nero la observó fijamente. La risa de Olivia era honesta, espontánea… y extrañamente cautivadora.
Involuntariamente, bajó la mirada hacia su boca.
Olivia finalmente dejó de reír y se limpió las lágrimas de debajo de los ojos antes de mirarlo. En cuanto sus miradas se encontraron, la habitación quedó sumida en un extraño silencio.
Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, comenzó a inclinarse hacia ella. Sus movimientos fueron lentos, cautelosos. Esperaba que se alejara o lo empujara, pero no lo hizo. Solo se quedó allí, mirándolo con los ojos muy abiertos, con una mezcla de inocencia y excitación.
Ella lo deseaba, y ese conocimiento le hizo hervir la sangre.
Se inclinó un poco más, hasta que sus labios se rozaron en un contacto apenas superficial. El sabor del vino todavía permanecía en la boca de Olivia, mezclado con un toque más suave que parecía pertenecerle solo a ella.
Fue entonces cuando dejó de pensar. Levantó una mano y acunó su mejilla. Deslizó la lengua hacia adelante, buscando su permiso.
Olivia abrió la boca de inmediato y lo recibió. Un gemido escapó de sus labios cuando sus lenguas se encontraron, mientras sus dedos se aferraban a la camiseta de Nero.
Encontró en sus labios el olvido que tanto estaba buscando y la besó con una desesperación que hacía mucho no sentía.
Cuando el aire comenzó a faltarle, deslizó los labios hacia sus mejillas y luego hundió la nariz en la curvatura de su cuello para respirar profundamente. La piel de Olivia olía a una mezcla de mar y algo más que le resultaba difícil de nombrar, pero que encontró adictivo.
Dejó un beso sobre su piel caliente y ella se estremeció.
«¿Qué estoy haciendo?», se preguntó, recuperando algo de consciencia. Era alguien que había llegado a su casa buscando refugio y, además, era demasiado joven.
Intentó alejarse, pero no llegó demasiado lejos. Olivia lo tomó del rostro con ambas manos y estampó sus labios contra los suyos.
El poco rastro de decencia que había conseguido reunir se esfumó en cuanto sus labios volvieron a tocar los de ella. Deslizó una mano hasta la nuca de Olivia y, sujetándola con firmeza, hizo que echara la cabeza hacia atrás antes de hacerse cargo del beso.
Con cuidado, la recostó sobre la alfombra mientras acomodaba su cuerpo entre las piernas de ella.
Un trueno resonó afuera, haciendo temblar ligeramente el suelo, pero esta vez Olivia no reparó en él. Estaba demasiado concentrada en lo bien que se sentía el cuerpo de Nero sobre el suyo y en la sensación de su boca devorándola.
—Nero —suspiró cuando él dejó de besarla.
Él le lanzó una mirada oscura, llena de promesas que esperaba que hiciera realidad.
—¡Maldición! —susurró.
Se apoyó sobre sus rodillas y tomó la camiseta por el borde inferior, arrastrándola hacia arriba por su cuerpo.
Olivia resistió el impulso de cubrirse con las manos al quedar desnuda de cintura para arriba. No llevaba nada debajo. Su bikini seguía en el baño, donde lo había dejado cuando se cambió.
Nero lanzó la prenda a algún lugar de la sala y recorrió su cuerpo con la mirada. Después, sus manos ascendieron por los costados de su cintura hasta alcanzar el borde de sus senos. Se inclinó hacia adelante y dejó un beso en el centro de su pecho antes de llevarse uno de ellos a la boca.
—¡Nero! —gimió al sentir su boca cálida y húmeda sobre ella.
Deslizó los dedos entre sus cabellos y tiró de ellos con fuerza mientras sentía cómo corrientes de placer recorrían su cuerpo.
Sus piernas rodearon su cintura y un jadeo escapó de sus labios al sentir su duro miembro contra ella, separado apenas por la ropa. No era pequeño, eso era un hecho. La imagen de él hundiéndose lentamente en su interior elevó aún más la temperatura de su cuerpo.
Él dejó de acariciar uno de sus senos y pasó el pulgar por el pezón antes de llevar la boca al otro.
—Eso se siente demasiado bien —soltó con la voz entrecortada.
