Capítulo 4 Sombras de placer

Nero arrastró los labios por el vientre de Olivia, dejando un rastro de besos hasta llegar a la cintura de las bermudas. Deslizó los pulgares por debajo de la tela y tiró de ella hacia abajo lentamente. Le sorprendía su propio control cuando lo único que quería era arrancarle la ropa cuanto antes y hundirse en ella.

Soltó un gruñido bajo al descubrir que no llevaba nada debajo.

Sus ojos ávidos recorrieron su cuerpo. Se detuvieron primero en sus senos, ahora algo rojos por las caricias que les había prodigado; luego descendieron por su vientre y sus caderas hasta detenerse, finalmente, en su sexo.

Su miembro se tensó. Una necesidad tan intensa como inesperada lo invadió.

Tenía que probarla. Se sentía como un pecado no hacerlo.

Pero primero…

Llevó una mano a su sexo y acarició su clítoris con el pulgar, trazando movimientos circulares.

Olivia reaccionó de inmediato a su contacto.

—¡Nero!

El grito llegó hasta sus oídos y le arrancó una leve sonrisa. Por supuesto, era tan desinhibida en la intimidad como cuando hablaba o reía.

Olivia empezó a retorcerse bajo él mientras continuaba acariciándola. Intentó cerrar las piernas, pero el cuerpo de Nero no se lo permitió.

Él observó sus facciones, desfiguradas por el placer.

Sin detener el movimiento de su mano, se inclinó sobre ella, haciendo que Olivia abriera un poco más las piernas. Él las acomodó sobre sus hombros y luego pasó la lengua por su sexo.

—Mmm… —murmuró antes de hundir aún más la lengua en ella.

Otro grito llenó la habitación.

Él disfrutaba de verla perderse en las sensaciones, de sentirla temblar bajo sus manos. Era demasiado receptiva, demasiado entregada, y aquello hacía cada vez más difícil que conservara la cordura.

Los gemidos de Olivia se hicieron cada vez más intensos.

—¡Joder! Nero… yo… detente…

Olivia se arqueó y soltó un grito ahogado. Una oleada de placer la atravesó de golpe, arrasando con todo lo demás. Luces estallaron ante sus ojos.

Dejó de escuchar lo que sucedía a su alrededor mientras intentaba recuperar el aliento. Cada bocanada de aire le costaba un esfuerzo. Sus músculos se sentían como gelatina y, por unos instantes, tuvo la extraña sensación de haberse desconectado de su propio cuerpo.

Nero escaló por el cuerpo de Olivia y cubrió su boca con la suya. Le dio un leve mordisco en el labio inferior y deslizó la lengua en ella cuando abrió la boca. Luego apoyó la frente contra la de ella.

Olivia abrió los ojos y le regaló una sonrisa satisfecha. Aquel gesto movió algo dentro de él que decidió ignorar.

—No tengo un preservativo —susurró.

—Estoy tomando las píldoras.

Sin dejar de mirarla, acomodó su miembro en su entrada y se deslizó lentamente en su interior. Su sexo cálido le dio la bienvenida, estirándose a su paso y envolviéndolo poco a poco. Cada centímetro que avanzaba hacía más difícil mantener el control, pero se obligó a contenerse.

Apretó la mandíbula y los puños mientras luchaba contra la necesidad irrefrenable de reclamarla de un solo golpe. La deseaba con una intensidad que apenas podía contener, pero no quería lastimarla. Ella necesitaba tiempo para acostumbrarse a él.

—Demonios —susurró Olivia, clavándole las uñas en la espalda—. Nero, es demasiado.

—¿Quieres que me detenga? —preguntó con la voz ronca.

—No —dijo ella de inmediato.

Terminó de sumergirse en ella y fue su turno de maldecir. Estar en su interior se sentía malditamente bien.

Ocultó el rostro en su cuello y le dio un suave mordisco.

—No creo que pueda ser delicado —susurró cerca de su oído.

—No quiero que lo seas.

Levantó la cabeza y buscó su rostro. Ella tenía una sonrisa traviesa que se moría por borrarle.

—Provocadora. Recuerda que tú lo pediste.

Enderezó la espalda, dejando que todo su peso descansara sobre las rodillas. La tomó de las caderas con firmeza y se retiró lentamente. Cuando su miembro estuvo a punto de abandonarla, volvió a sumergirse en ella con un fuerte golpe. El cuerpo de Olivia se deslizó un poco hacia atrás y sus senos se balancearon por el impulso.

Repitió el movimiento una vez, luego otra y una vez más, poseyéndola como si quisiera dejar su marca en el interior de su cuerpo.

El sonido de sus cuerpos resonaba contra las paredes, mezclado con los gemidos de Olivia y los gruñidos de Nero. El fuego proyectaba su luz sobre ambos y sus sombras se dibujaban sobre una de las paredes.

Olivia sentía una presión en el vientre bajo, una mezcla de calor y cosquilleo demasiado placentera que se volvía cada vez más insoportable. Sus caderas se movían con vida propia, yendo al encuentro de Nero, mientras sus manos recorrían su propio cuerpo, acariciando su abdomen y sus senos.

Tenía que hacer un esfuerzo para mantener los ojos abiertos, pero no había forma de que se perdiera el espectáculo frente a ella. Nero era imponente. La forma en que se movía, sus músculos contrayéndose con la fuerza de cada movimiento y aquella expresión oscura en su rostro resultaban demasiado eróticos.

El orgasmo la alcanzó sin aviso previo. Su cuerpo se contrajo antes de ser sacudido por fuertes estremecimientos.

Nero sintió cómo el sexo de Olivia se apretaba a su alrededor, y aquello hizo aún más difícil contenerse. La embistió un par de veces más y se vació en su interior.

Soltó un gruñido y cayó sobre Olivia mientras su cuerpo temblaba por el orgasmo.

Ella lo abrazó con piernas y brazos, como si se negara a dejarlo ir. Y, por un momento, se permitió relajarse.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo