Capítulo 4 Tyler queda humillado

En cuanto Tyler lo nota, la rabia se le dispara. La ira le ciega el juicio al no concebir que la mujer con la que ha compartido dos años lleve en la piel el rastro de otro hombre.

—¿Con quién te revolcaste que te dejó eso en el cuello? ¡Dímelo! —exige Tyler, fuera de sí—. ¡En dos años de noviazgo jamás me dejaste tocarte y te vienes a entregar a otro hombre!

—¡Eso no es de tu incumbencia! Te vas a casar con Sara, ella es la que espera un hijo tuyo —responde Anna, forcejeando desesperada por zafarse, aunque el agarre de él es implacable.

—¡De eso te acabas de enterar! —grita él, apretando sus hombros con desprecio—. Es decir que me estabas viendo la cara de idiota desde antes. ¿Qué clase de mujer eres?

Ciego de ira y decepción, Tyler alza la mano dispuesto a cruzar el límite y golpearle. Pero la bofetada jamás llega: la figura imponente de un desconocido irrumpe en escena, interceptandolo antes de tocarla.

Minutos antes

En la habitación del hotel, el hombre con el que Anna compartió la noche permanece inmóvil al borde de la cama. Al retirar las sábanas para cambiarse, descubre una mancha de sangre sobre la tela blanca.

El hallazgo lo descoloca por completo. Él no pagó por la inocencia de nadie; buscaba una compañía experimentada, no una mujer virgen. Sabe bien que un encuentro de esa naturaleza no encaja con la transacción prevista.

«¿Acaso fingió todo esto como parte de una actuación? ¿O de verdad era su primera vez y se equivocó de habitación como juraba una y otra vez?», reflexiona en silencio, frunciendo el ceño ante lo absurdo de la idea. «Nadie comete una torpeza semejante... ¿o sí?»

En ese preciso instante, la vibración de su teléfono rompe el silencio del cuarto con una llamada entrante.

—Señor, baje de inmediato. La chica con la que pasó la noche está discutiendo con unas personas en la entrada del hotel. Al parecer, se trata de su prometido y otra mujer, y la están atacando entre los dos —reporta la voz al otro lado de la línea.

—Entiendo, bajo enseguida. ¿Ya tienen la información de esa mujer?

—No señor, ya se está investigando.

— La necesito de inmediato, tiene cinco minutos —ordenó él antes de colgar y terminar de vestirse a toda prisa.

Una vez listo, desciende al vestíbulo para averiguar  lo que está pasando. Le indica a su chofer y a la escolta que no intervengan; prefiere mantener la discreción, pues su posición y su apellido no le permiten figurar en escándalos mediáticos ni en videos virales.

Al llegar a la entrada, se detiene a una distancia prudente. Necesita averiguar de primera fuente quiénes son esos sujetos y qué vínculo tienen con ella. Permanece en las sombras, analizando la situación, hasta que ve cómo el tipo agarra a Anna con brusquedad por los hombros y la sacude sin piedad.

Al presenciar la agresión, no duda un solo segundo. Para un hombre de su carácter, la violencia física contra una mujer es el acto más vil y cobarde que existe.

Avanza con paso imponente, intercepta la mano de Tyler justo cuando este se dispone a golpear a Anna y se la frena en el aire con un agarre de acero.

—Me hace el favor de soltar a la señorita —ordena con una voz grave que hiela el ambiente—. Si tiene ganas de golpear a alguien, aquí estoy yo. Así no hay ventajas, ambos somos hombres.

Tyler se retuerce del dolor por la presión en su muñeca y lo encara, ciego de rabia:

—¿Y tú quién demonios crees que eres para meterte en esto?

—Soy el novio de la señorita, y no voy a permitir que usted ni nadie la toque. Así que la deja en paz ahora o no respondo de mis actos —sentencia, acortando la distancia con una amenaza implícita en la mirada.

A Sara casi se le salen los ojos de las órbitas al escuchar semejante declaración.  Queda atónita ver a un hombre tan imponente, de profundos ojos grises como el plomo y un porte digno de una estrella de cine, parandose firmemente en defensa de Anna... y mucho más al autodenominarse su "novio".

—No sea ridículo. ¿¡Ella, su novia!? Hasta el día de hoy estaba comprometida conmigo y preparaba todo para nuestra boda —se burla Tyler, lanzándole una risotada amarga directamente a la cara.

—Sin embargo, jamás la tocaste, ¿verdad? —inquiere el desconocido, con una frialdad que hiela la sangre.

Tyler voltea hacia Anna. Le resulta perturbador que un extraño maneje detalles tan íntimos de su vida privada.

Después de aquella declaración, todo queda en silencio, Tyler espera una respuesta que no llega.

Anna, por su parte, le sostiene la mirada por encima del hombro, forzando una templanza que apenas empieza a sentir.

Aunque no conoce a este sujeto y todo lo ocurrido es tan extraño, percibe en su imponente presencia un escudo inesperado; una muralla implacable contra la crueldad y el desprecio con el que su ex prometido intentaba aplastarla.

El desconocido no solo ha cambiado el aire del lugar, sino que ha desplazado el poder de la mesa sin decir más de lo necesario.

Tyler los mide a ambos con una mezcla hiriente de asco y rabia. Aprieta la mandíbula hasta que los músculos del cuello se le tensan, incapaz de asimilar la repentina desventaja en la que ha quedado.

—¡¿Entonces?! —exige Tyler, alzando la voz mientras da un paso al frente para intentar amedrentarlo—. ¿Son novios o qué? ¿De dónde diablos saliste tú? —señala al hombre con el dedo, pero este le aparta la mano de un manotazo seco—. ¿Quién te crees? ¿Cómo sabes que Anna y yo...? ¿Qué hiciste, Anna?

El extraño no pestañea. Permanece inmóvil, proyectando una sombra pesada sobre el espacio que los separa. Con un gesto lento y deliberado, se acomoda la manga del saco antes de dirigirle a Tyler una mirada cargada de una frialdad casi divertida, acompañada por una sonrisa de absoluta superioridad.

—Mide tu tono y baja ese dedo si aprecias lo poco que te queda de dignidad —responde el hombre con una voz grave, pausada y territorial—. No tenemos porqué darle explicaciones a un aparecido. Lo que Anna haga o con quién decida estar, a partir de hoy dejó de ser tu asunto en el instante en que no supiste estar a su altura. Así que apártate de nuestro camino antes de que conviertas tu berrinche en un problema serio.

Tyler aprieta los puños, con la mandíbula tensa y las venas del cuello a punto de reventar. La humillación lo quema por dentro: la postura dominante del extraño y la frialdad implacable con la que le habla lo dejan sin palabras por un segundo, atrapado entre la rabia y el orgullo herido.

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