Capítulo 6 El tiempo corre en su contra
—¿A dónde necesitas que te lleve? —insiste el hombre, girándose hacia ella mirándola fijamente.
Anna no emite una sola palabra. El shock la tiene sumida en un trance absoluto.
Ante el silencio de la parte trasera, el chofer enciende el motor y comienza a manejar sin un rumbo fijo, recorriendo las avenidas de la ciudad.
A través del espejo retrovisor, el conductor observa la escena con discreción y una profunda curiosidad: es la primera vez que ve a su jefe subir a una mujer a su auto, por lo que no pierde detalle de cada gesto entre ambos.
En la parte trasera del vehículo, Anna se quiebra por completo. Es un llanto desgarrador, impulsivo, sofocado por ahogados gemidos donde intenta expulsar el peso abrumador de la humillación y el desengaño.
Pasan los minutos y, gradualmente, la tormenta dentro de ella empieza a disminuir hasta recuperar una aparente compostura.
La calma regresa a su rostro de forma casi fría. Anna se limpia las mejillas con lentitud, parpadea para despejar la vista y voltea el rostro.
Sin embargo, al contemplar con detenimiento las facciones del hombre que está sentado a su lado, una sensación amarga y de profundo desagrado la recorre de golpe.
—¿Qué haces aquí? No te quiero a mi lado... ¡Tú eres el responsable de todos mis problemas! —estalla Anna incapaz de contener la sobrecarga emocional.
En su desesperación por alejarse de todos, arremete contra él a manotazos, golpeándole el pecho como si intentara expulsar a puños la angustia que la ahoga.
—Vete... ¡Vete de aquí! —es lo único que logra articular entre sollozos.
—Cálmate, Anna. Estamos en mi auto —responde él con una templanza desconcertante, sujetándole ambas muñecas en el aire con firmeza para frenar el ataque sin lastimarla—. En todo caso, la que tendría que bajarse eres tú.
A través del espejo retrovisor, el chofer observa la escena con los ojos abiertos de par en par, casi sin atreverse a pestañear del asombro y deja salir una sonrisa.
Nadie le ha levantado la voz a su jefe de esa manera y ha vivido para contarlo.
Sin embargo, su jefe no muestra el menor signo de molestia; al contrario, intenta minimizar el ataque de pánico de la chica con una paciencia sutil y casi tierna. «Esa mujer debe ser alguien muy especial», piensa el conductor mientras aprieta el volante y mantiene el rumbo.
—No te quiero cerca, solo vete y desaparece de mi vista —suplica Anna casi sin aliento, sintiendo cómo el aire se le escapa de los pulmones ante el peso de la traición.
—Te repito que este es mi carro, ¿es que no te has dado cuenta? —dice él, dejando entrever una pequeña sonrisa cargada de ironía.
—Ah... claro —murmura Anna, parpadeando al enfocar de pronto el lujoso tapizado que la rodea—. Entonces detén el auto y déjame aquí. Ya no quiero estar contigo.
—¿Estás segura? Te ves completamente desorientada —responde el desconocido, suavizando el tono mientras desliza la mano para tomar la de ella—. Me preocupa que te pase algo estando sola en ese estado.
—Eso es exactamente lo que necesito: estar sola —sentencia ella, zafando la mano con un movimiento brusco de rechazo—. Necesito pensar y poner mi vida en orden... Aún no puedo creer cómo se destruyeron todas mis ilusiones en una sola mañana.
El hombre la observa durante un segundo interminable, midiendo la determinación en los ojos de la joven antes de hablar con voz autoritaria.
—Detente —ordena casi gritándole—, no entiendes que me quiero bajar.
El chofer reacciona al instante, maniobrando suavemente para estacionarse junto a la acera.
En cuanto el vehículo se detiene, Anna abre la puerta y baja sin ningún tipo de impedimento, impulsada por la prisa de escapar.
Tan pronto como el portazo retumba en la calle, el auto enciende y se pone de nuevo en marcha, perdiéndose rápidamente entre el tráfico y dejándola sola en medio de la ciudad.
Anna repasa en su mente una y otra vez cada segundo de lo ocurrido. Las lágrimas le recorren las mejillas sin que pueda evitarlas. Está desorientada, atrapada en un bucle de preguntas amargas. «Si tenía todo planificado, ¿qué falló? ¿Por qué mi vida se derrumbó de esta manera? No es justo», piensa mientras camina sin rumbo por la ciudad, negándose a volver a casa para no enfrentar las ruinas de su realidad.
Aunque siempre ha creído en el destino, presiente que esto no es una simple coincidencia; es algo calculado fríamente para destruirla. Alguien movió las piezas a sus espaldas y necesita descubrir la verdad. Solo llegando al fondo de esa trama podrá reconstruir los pedazos de su vida y recuperar la paz.
Sin darse cuenta, sus pasos la llevan hasta el borde de una avenida transitada, donde los vehículos rugen al pasar a gran velocidad. El viento le azota el rostro mientras contempla el abismo del asfalto. «Sería tan fácil terminar con este dolor que me devora... Solo bastaría dar un paso al frente para que todo acabe», piensa, fijando la mirada en los faros que cruzan como ráfagas frente a ella.
El hombre
En el interior del vehículo, el hombre permanece en silencio, tratando de descifrar cómo terminó envuelto en semejante enredo. Sin embargo, lejos de dar un paso atrás, la intriga lo consume. Sabe perfectamente que las personas con las que esa mujer discutía no traen nada bueno y no duda de que puedan hacerle daño.
Revisa la información recopilada de la chica. Gira la cabeza hacia su chofer, quien además de conducir es su hombre de confianza, para darle una orden contundente.
— No la pierdan de vista ni por un solo segundo —sentencia con voz helada mientras el auto avanza—. Encuentren su punto débil, algo que pueda usar a mi favor para que haga lo que le pida. Ella va a estar conmigo, sí o sí.
—Señor... ¿Cómo se supone que la rastreemos? —pregunta el chofer, dejando ver una sombra de inquietud en el espejo retrovisor.
—No me importa cómo lo hagan, solo consiganlo —responde, dejando escapar una sonrisa enigmática y calculadora—. Esa chica reúne las características exactas para mis planes y no pienso dejarla ir.
Él es del tipo de hombres que jamás acepta un no por respuesta y, en este momento, ella se ha convertido en su prioridad absoluta.
El hombre no tiene mucho tiempo, necesita casarse; además, el plazo para conseguir a la mujer indicada se agota rápidamente y ya que la encontró, no piensa dejar que ella se le escape de sus manos.
«No voy a arriesgarme a improvisar con cualquiera», piensa con frialdad mientras contempla la ciudad a través de la ventanilla, camino a su residencia. «Ella es perfecta para lo que necesito. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga, la voy a tener a mi lado».
Sabe que el juego apenas comienza y que Anna está a punto de convertirse en la pieza clave de un tablero mucho más peligroso de lo que ella jamás podría imaginar.
Lo que ninguno de los dos sospecha es que el tiempo corre en su contra, y que el primer paso para atraparla cambiará el destino de ambos esta misma noche.
