Capítulo 27 EL PECADO DE ESTAR SOLOS

Rodrigo dejó caer la carpeta sobre la mesa con un golpe seco que resonó en las paredes de cristal del despacho. Avanzó despacio, rodeó el escritorio y se detuvo a un paso de ella, emanando esa autoridad natural que siempre amenazaba con aplastar la voluntad de la joven.

—¿Tienes miedo de mí? —raspó...

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