Capítulo 4 Me estremece.
“Es cierto, debo darme la oportunidad de conocer a Emma personalmente y sin la influencia de otras personas”.
Pero los siguientes días hicieron que tambaleara mi compasión por ella, no solo se rehusaba a hacer actividades juntas, sino que no paraba de hacerme “bromas”.
El primer día, antes de ir a dormir mojo mi cama y tuve que soportar la humedad y frío toda la noche, el segundo puso jabón en el piso y me resbalé al levantarme en la mañana.
El golpe seco se escuchó en el suelo, mi caída había sido aparatosa, pues no solo choque con el suelo sino con la mesa de noche, arrastre una lámpara y hasta con la cama me di en mi primer intento de levantarme.
—¡Ayuda!, alguien me escucha, por favor—, intente moverme pero entre el dolor y el miedo a caerme de nuevo decidí mantenerme inmovil.
Después de varios intentos, finalmente entró el ama de llaves, levanté a duras penas una mano, —Señorita, por favor…—, cuando iba a pedirle que enviara a alguien que me ayudara a asear el suelo para levantarme salió despavorida.
Quince minutos después entró un hombre atractivo, alto y muy agradable, era el médico familiar junto a sus asistente, al explicarles que estaba bien y que no me había levantado por el jabón en el suelo, su rostro se relajo, de manera eficiente en 10 minutos ya estaba en cama recibiendo las indicaciones.
—Sé que los accidentes domésticos suelen tomarse a la ligera pero son peligrosos y la causa de muchas muertes en el mundo, así que dígame, Emma ¿hizo esto?
—No, no tiene que ver con la niña, fue… que estaba arreglando mis cosas y se me cayó el jabón corporal en el suelo, no me di cuenta y me acosté a dormir, lo demás ya se lo conté.
“Para mi no tenía sentido denunciarla y que le llamaran la atención, fue mi error dejar la puerta sin seguro si el día uno ya me hizo una travesura en mi habitación”.
—Te voy a dejar mi tarjeta para que me llames si deseas realizar alguna consulta sobre la niña o necesitas ayuda—, aquel hombre tenía un tono de hablar casi seductor y junto a su serenidad era muy interesante.
—Se lo agradezco mucho, justo le iba a pedir su información de contacto.
—Detrás de la tarjeta está mi número personal, por si vas a llamar fuera del horario del hospital.
—Se lo agradezco—, Así que habìan hombre galanes y amables, no todos son patanes como el que conocí por supuesto.
Después de despedirse y retirarse todos de la habitación sólo pensaba en cómo iba a abordar esta situación, ya la niñera anterior se había ido no sin olvidar darme un listado de advertencias, así que éramos solo ella y yo.
Así llevábamos una semana y ¿qué será lo próximo que inventaría Emma?, no lo sé, lo único que me ayuda a soportar es que con el dinero que cobre por adelantado lo envíe a mi mama para los gastos de su operación.
Ese domingo aparentemente Emma se había quedado sin ideas así que me acosté aliviada pero en medio de la madrugada un grito estremecedor se escuchó por toda la casa.
—No te vayas—, estaba segura de que se trataba de la niña, temí qué le estuviera pasando algo así que corrí a su habitación.
Al llegar, Emma se encontraba sentada en la cama llorando, sin decir una palabra me acerqué, me senté a su lado y la abrace.
—¿Tuviste una pesadilla?—, al principio no me responde su rostro sonrojado parece perdido hasta que por fin me miró a los ojos.
—Si, a veces me pasa, sueño con mi mamá aunque no la conocí, sé que es ella porque la gente visto en fotos.
—Talvez, lo que quiere decir el sueño, es que ella siempre te acompaña y protege, que está con Dios en un buen lugar.
Emma me miró molesta, —No creo en Dios y la psicóloga dice que es una proyección de mis deseos y que debo superar su ausencia.
—Bueno ella es la experta y así debe ser, pero más allá de la realidad también si encuentras tu propio significado te ayude a verlo diferente.
—¿Si tu mamá muere como lo tomarías tú?—, aquella pregunta me dolió más de lo que ella pensaba.
—Sería doloroso, muy difícil, mi mamá es todo para mi y…, lo que quiero decir es que siempre te hará falta, nadie llena el espacio de otra persona pero tienes a tu padre, tu abuela, quizá la novia de tu papá con quienes puedes hacer lazos especiales.
—Puede, pero no lo creo—, explicó la niña con tristeza.
—Mejor hablemos de otras cosas—, propuse tratando de relajar el momento tenso.
—¿Cómo que?
—¿Qué te gusta hacer además de estudiar muchas cosas?, ¿qué haces para distraerte?
—No tengo actividades de ocio, a mi padre le parecen una pérdida de tiempo—, me respondió en tono superior.
—Tiene que existir algo, pintar, escuchar música, bailar, cantar…no se algo que hagas con tu padre.
—Solo leo y no tengo actividades con mi padre, siempre está trabajando.
—Pero me dijeron que estaban de vacaciones recientemente.
—Me deja en el hotel con la niñera de turno y asiste a reuniones de trabajo o con su novia—, una niña de edad pero sin cercanía ni cariño.
De pronto se quedó observando mi brazo fijamente, —¿Eso es por la caída de ayer?
Se me habían formado varios moretones en los brazos y piernas, qué no cubría mi pijama, —Si, pero no me duele.
—Lo siento, no imaginé que la caída fuera tan fuerte.
—Acepto tus disculpas, pero con una condición—, propuse.
—¿Cuál?
—Que a partir de ahora me des la oportunidad de conocernos.
—Ni creas que vamos a ser amigas o voy a dejar de hacerte bromas para que te vayas porque te pedí disculpas.
—Para nada me haría ilusiones como esas, solo habla conmigo, no me gusta cuando me haces la ley del hielo—, pero para mi era el primer paso para una tregua.
—¿Soy una experta verdad?
—Sin duda alguna, pero suelo hablar mucho y estar en silencio es una tortura.
—Está bien, te concederé el honor de escuchar mi hermosa voz.
—Te lo agradezco, ahora creo que es momento de intentar dormir de nuevo sino no tendrás energía para el día—, a veces Emma podía ser dulce estoy segura que solo necesita atención y amor.
—Tienes razón.
—Me quedaré aquí para acompañarte mientras intentas dormir.
—¿Para qué?
—Para que no te sientas sola y yo irme a mi habitación tranquila de que lograste descansar.
Emma no respondió nada más, sonrió y luego de acostarse se arropó hasta el cuello con la mirada perdida en sus pensamientos.
Pasó una hora antes de que la niña volviera a dormir, me daba pena recordar la normalidad con que Emma hablaba de su soledad, era injusto.
Me encontraba sentada de espaldas a la puerta, miré mi reloj, eran las 3 de la mañana, hora de que yo también volviera a la cama, cuando escuche la voz autoritaria de un hombre.
—Supongo que eres la nueva niñera, pero qué haces en la habitación de mi hija a esta hora.
