Capítulo 5 Aparición inesperada.

Mi corazón se aceleró al escuchar aquella voz profunda en medio del silencio, me puse de pie de prisa aun sin girarme

—¿Acaso te comieron la lengua los ratones?, dame la cara, te hice una pregunta.

—La niña tuvo una pesadilla, solo la acompañaba para que volviera a dormir, por favor no grite no quiero asustarla—, en ese momento me giré y pensé que me desmayaría al ver que se trataba del pervertido.

—¿Tu?, pero ¿Qué haces aquí?—, se acercó a mí con rapidez tomándome del brazo con fuerza y arrastrándome hasta lo que parecía ser una biblioteca y luego cerró la puerta aun sin soltarme.

—No es lo que usted piensa—, susurré antes que me acercara con brusquedad para ver mi rostro y gritarme furioso, quedando nuestros cuerpos tan cerca que podía escuchar su respiración agitada.

Puse mi mano en su pecho instintivamente para apartarlo y sentí como su corazón estaba acelerado, no cabía duda de que me odiaba,  seguro que pensaba echarme de inmediato, —Espere por favor, déjeme explicarme.

—¿Vas a decir que es una simple coincidencia?, pensaste que sería tan tonto como para engañarme, ¿Acaso eres una acosadora?, ¿alguien te contrato para investigarme?

—Se lo juro señor, no sé cómo terminamos en esta situación pero la única persona que conozco aquí es Maria.

—No te creo, solo… recoge tus cosas—, me gritó ofuscado mirándome con odio.

—Por favor, escúcheme, se lo pido, aunque pueda parecerle extraño todo ha sido una coincidencia, pienselo, ambos trabajos están relacionados con María, ella solo intentaba ayudarme.

—No entiendo, ¿qué hacías en el yate?

—Maria hace estos trabajos esporádicos para apoyar la agencia de un amigo y no sabía que usted estaría allí.

—No puedo tenerte aquí, detesto verte y aun más con lo que presenciaste es inapropiado.

—Necesito el trabajo, no puedo irme sin más, no me importa su vida privada o gustos igual ya firme un acuerdo de confidencialidad, si dijera alguna palabra podría destruirme.

—No puedo tenerte cerca yo…

A esta altura no me importaba mi dignidad, solo pensaba en la situación que me trajo hasta aquí, me arrodille en aquel piso frío de mármol que me caló hasta los huesos y suplique, —Por favor, se lo pido, tenga compasión, le prometo que no le daré problemas.

—No hagas eso, levántate, nadie debe rebajarse por un trabajo.

—No es tan simple, de ello depende la vida de mi madre, no puedo solo regresar a casa y ya, además ya le envié el dinero que me dio por adelantado y no tengo como regresarlo.

—Espera, ¿qué tu mamá, qué?

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, estaba tan frustrada y angustiada que no podía contener mis emociones, —Si no la operan urgentemente del corazón, morirá, no me importa aguantar sus malas maneras ni sus dudas, pero no me iré.

—Bien, primero ponte de pie y segundo por favor cálmate, no soy un ogro, esto… juzgue la situación sin saber.

—Por favor permítame mantener mi trabajo, perdóneme mi torpeza, el error que cometí, no dije ni diré nada a nadie de lo que vi..

—De acuerdo, pero estarás a prueba.

Sequé mis lágrimas y me llené de esperanza, —Gracia señor, no defraudaré su confianza.

—De acuerdo, ¿Susana?

Esbocé una tímida sonrisa, —Sí señor, soy Susana Diaz y si no necesita nada más me retiraré a mi habitación.

—Puedes ir a descansar, por cierto mi nombre es Bjorn Olsen—, su mirada se suavizo un poco lo que hizo que se viera más atractivo pero no me podía confiar, era claro que aquel no era el hombre de mis sueños.

Pasaron varios días en los que mi jefe no volvió a aparecer por la casa o al menos yo no lo vi lo que agradecí, me intimidaba por completo y hacía que mis nervios se descontrolaran.

El Sábado siguiente recibí un mensaje de un número desconocido, 《prepara la niña para una fiesta esta noche, el color a usar es negro.Olsen》

Pensé aliviada que sería una tarea sencilla no podía estar más equivocada, —Vamos Emma, escojamos un vestido.

—¿Para qué?, no me digas que una fiesta

—Tu padre me envió un mensaje y debemos estar lista cuando vengan por ti.

—No quiero Susana, esas fiestas son aburridas y siempre estoy sola, no voy a ir—, respondió cruzándose de brazos.

—No es mi decisión Emma, por favor, no hagas que tu padre se moleste—, mientras le hablaba abrí el closet y saqué un hermoso vestido del color solicitado.

—¿Por que tengo que usar el color negro?, me hace parecer a Merlina de los locos Adams.

—Quizá es el código de vestimenta, no lo sé Emma, se que no es un color alegre pero así son las fiestas elegantes supongo.

—Pues sigo sin entender ¿para qué debo ir?

Al parecer el padre nos habìa estado escuchando porque de pronto entró en la habitación con brusquedad, —Nunca haces lo que se te pide, no obedeces solo para molestarme, eres desconsiderada, caprichosa y malcriada, cada vez te haces más insoportable,.

—Es una niña, no tiene que hablarle así—, era claro que su falta de obediencia se debía a problemas emocionales y familiares, aun si ser psicólogo podía deducir que era una forma de llamar su atención.

—Yo soy su padre, no tienes que decirme como serlo, tu trabajo es obedecer—, grito frustrado.

—Mi trabajo es cuidar a la niña y velar por su bienestar.

Respiro profundo como si intentara calmar sus ganas de gritarme, —Dejaré  a mi chófer para que lleve a Emma cuando esté lista y sin más peros, irá y es mi última palabra—, exigió y luego se fue dejándonos a solas.

Me incliné para quedar a su altura y luego la abrace sin recibir respuesta de ella, —Princesa entiendo la situación pero hay un dicho que dice que perdiendo también se gana.

—No lo entiendo.

—Lo que significa en este caso, es que tal vez ceder y complacer a tu padre pueda resultar incómodo pero ganarías su simpatía, no siempre las batallas se ganan peleando.

—Aceptaré con una condición.

—¿Cuál?

—Qué vayas conmigo a la fiesta como mi acompañante.

—No creo que sea correcto, yo no estoy invitada.

—Le acabo de escribir a papá y me dijo que si, entonces ambas preparemos.

Sin perder tiempo llamé a María, ella estaba invitada y lista, así que se ofreció a prestarme un vestido y en pocos minutos llegó con todo lo necesario para que mi aspecto no desentonara con la elegancia de la fiesta.

Apenas entramos al salón fuimos objeto de las miradas curiosas de todos, supongo que por llevar con nosotras a la heredera del grupo Olsen y la cara de asombro que no podía disimular pues en mi vida había visto tanto lujo.

En cuanto nos acercamos a mi jefe que se encontraba con un grupo de invitados una voz malhumorada nos recibió, —¿Qué hace esta mujer?—, era claro que aquella mujer del yate me había reconocido.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo