cuarenta y siete

Declan descorchó la botella de vino tinto que había llevado al patio trasero y lo sirvió en dos copas anchas. Yo me senté en el borde de un banco de madera, con las piernas dobladas debajo de mí, observando cómo la luz jugaba sobre el agua.

—Salud —dijo, entregándome una copa y chocándola suavement...

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