Setenta y dos

No podía respirar.

Había pasado toda la noche mirando las dos líneas rosas, con el corazón latiendo tan fuerte que estaba segura de que los vecinos podían oírlo. Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Declan cuando se lo dijera. ¿Estaría feliz? ¿Se sentiría atrapado? ¿Me miraría como si hub...

Inicia sesión y continúa leyendo