Capítulo 29 CAPÍTULO 28

Renata despertó con la mejilla pegada a un fólder y el cuello tan tieso que juró que se le había soldado.

Se había quedado dormida en su propio escritorio, sobre los pedidos atrasados, con la lámpara todavía encendida y el amanecer colándose gris por las persianas. Se enderezó despacio, con un ...

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