Capítulo 28 La cena

Damian estaba acostado a mi lado, más calmado y ya no estaba sudando. Observé todas sus facciones, su cara, todo de él. Era muy guapo. Increíble que alguien como el se fijó en alguien como yo.

Damián abrió los ojos y sonrió al verme.

—¿Cómo te sientes? —inquiere.

—Muy bien. Demasiado bien. No conocí...

Inicia sesión y continúa leyendo