Capítulo 2 2
Capítulo 2 El señor Matthew
Helen llevaba más de una hora lista cuando comenzó a arrepentirse de haber aceptado.
Había elegido un vestido de color crema, unas sandalias de tacón y el bolso más pequeño que tenía. Dentro guardó el celular, dinero suficiente para regresar sola, un cargador portátil, preservativos y el pequeño aerosol de pimienta que Kate le había regalado cuando empezó a trabajar. También fotografió la ropa que llevaba puesta y se la envió junto con la información de Lucas.
Era algo que hacían siempre. Si una de las dos no se comunicaba dentro del tiempo acordado, la otra debía empezar a llamar.
Kate contestó casi de inmediato.
«Estás preciosa. Disfruta y no estés tan nerviosa».
Helen dejó el celular sobre la mesa. Fácil para ella decirlo. Desde que había aceptado el trabajo sentía una presión desagradable en el estómago. No era Lucas lo que la inquietaba. Había revisado cada noticia que encontró sobre él y nada parecía fuera de lo normal. Era la cantidad de dinero, la insistencia de Kate y el hecho de que hubiera preguntado específicamente por Ashley Cooper.
El encuentro debía realizarse frente al Hotel Carlton. Kate se había encargado de darle la dirección y Lucas tenía que pasar por ella a las diez. Helen ya había solicitado un taxi para llegar unos minutos antes.
A las nueve y cincuenta y dos sonó su celular.
—Hola.
—Buenos días. Habla Lucas. ¿Estás lista?
Su voz era más grave de lo que había imaginado. Helen se puso de pie y tomó el bolso.
—Sí. Estoy a punto de salir.
—Entonces ábreme. Estoy en la puerta.
La llamada terminó.
Helen permaneció inmóvil, mirando el celular. Después fue hasta la ventana y apartó un poco la cortina. Un automóvil negro se encontraba estacionado al frente. No podía ver a Lucas desde allí, pero unos segundos después llamaron a la puerta.
Canceló el taxi antes de escribirle a Kate.
«¿Le diste mi dirección?»
No esperó la respuesta. Guardó el teléfono y abrió dejando puesta la cadena de seguridad.
Lucas Matthew la esperaba al otro lado. No llevaba el traje oscuro de la fotografía sino un pantalón negro y una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los antebrazos. Era más alto de lo que parecía en las imágenes y también más joven. Su rostro no mostraba ninguna molestia por encontrar la puerta abierta apenas unos centímetros.
Por primera vez desde que realizaba aquel trabajo, Helen no supo muy bien qué decir al tener un cliente delante. Estaba acostumbrada a hombres mayores que intentaban ocultar sus canas, el vientre o la marca dejada por el anillo de matrimonio. Lucas no necesitaba pagar para conseguir compañía. Aquello hacía todavía más extraño que hubiese pagado tanto por ella.
—Buenos días, Ashley.
—¿Cómo conseguiste mi dirección?
—Kate me la dio.
—Quedamos en vernos frente al Hotel Carlton.
—Me pareció innecesario hacerte tomar un taxi cuando podía recogerte aquí. —Lo dijo con tanta naturalidad que Helen sintió el impulso de cerrarle la puerta. Antes de aceptar a un cliente nuevo evitaba que supiera dónde vivía. Kate conocía esa regla mejor que nadie—. ¿Puedo pasar mientras terminas? —preguntó Lucas.
—Ya estoy lista.
Quitó la cadena y salió al pasillo. No pensaba dejarlo entrar después de presentarse sin avisar. Lucas bajó la mirada, recorriendo el vestido hasta llegar a sus zapatos. No intentó ocultarlo, pero tampoco hizo ningún comentario sobre su cuerpo.
—Eres tal como me habían dicho.
—Espero que eso sea algo bueno.
—Lo es.
Lucas le abrió la puerta del copiloto. Helen tomó una fotografía de la matrícula antes de entrar, sin importarle que él la viera.
—¿Siempre haces eso?
—Con los clientes nuevos.
—¿Y ahora qué haces con la fotografía?
—Se la envío a alguien que sabe con quién estoy, dónde voy y a qué hora debo regresar.
Lucas se inclinó sobre ella para tomar el cinturón de seguridad. Helen lo detuvo poniendo una mano sobre su pecho.
—Puedo hacerlo sola.
—Por supuesto.
Se apartó con una ligera sonrisa y cerró la puerta. Helen esperó a que rodeara el automóvil para enviarle la matrícula a Kate. El mensaje anterior seguía sin respuesta.
—¿Adónde vamos? —preguntó cuando Lucas se sentó al volante.
—A desayunar. Después tengo algunas cosas preparadas.
—Pensé que me explicarías el plan antes de salir.
—¿Necesitas conocer cada minuto del día?
—Necesito saber dónde estaré.
—Estarás conmigo. —Aquello no era una respuesta, pero Lucas encendió el automóvil antes de que pudiera seguir preguntando.
La cafetería quedaba en una de las zonas más concurridas de la ciudad. Helen esperaba una entrada privada, algún reservado o al menos una mesa alejada. Lucas eligió una junto a los ventanales, a la vista de cualquier persona que pasara por la calle.
—¿No te preocupa que te reconozcan? —preguntó después de sentarse.
—¿Debería preocuparme?
—Los hombres como tú no suelen querer que los vean con mujeres como yo.
—¿Y cómo son los hombres como yo?
—Ricos, conocidos y demasiado cuidadosos con su reputación.
Lucas tomó la carta y la revisó, aunque Helen tuvo la impresión de que seguía observándola por encima de ella.
Pidió un croissant y un batido de fresa. Lucas solo quiso café.
—¿Siempre desayunas tan poco? —preguntó Helen.
—No suelo desayunar.
—Entonces podíamos habernos ahorrado esta parada.
—Tú no habías comido.
El camarero dejó las bebidas sobre la mesa. Lucas apartó el café y apoyó los brazos delante de él.
—Kate me dijo que estabas pensando retirarte.
Helen dejó de mover la pajilla dentro del batido.
—Kate habla demasiado.
—También dijo que eras la mejor.
—Depende de lo que estés buscando.
—Quiero pasar un buen día, nada más. Sin prisas, sin preguntas incómodas y sin que mi dinero sea el único tema de conversación.
—Has empezado hablando de mi trabajo.
—Tienes razón. Entonces cambiemos de tema.
Helen tomó el croissant. Lucas la miró comer sin volver a decir nada, demasiado tranquilo para alguien que había pagado aquella suma por una desconocida.
Al terminar, regresaron al automóvil. Helen revisó el celular antes de entrar. Kate todavía no contestaba.
—¿Qué es lo siguiente? —preguntó.
Lucas abrió la puerta para ella.
—Voy a comprarte un bikini. Lo necesitarás.
