Capítulo 4 4
Capítulo 4 El cumpleaños
—¿Adónde vamos? ¿Estás seguro de que quieres ir en auto? Todavía podrías cambiar de planes.
—Es un lugar hermoso que queda en las afueras de la ciudad. No sé si te encantará, pero a mí me parece genial.
Lucas la miró durante un segundo y enseguida volvió la atención a la carretera. Los edificios comenzaban a quedar atrás y el tráfico disminuía a medida que se alejaban de la ciudad.
—¿Quieres hablarme un poco de ti?
Helen ya esperaba aquella pregunta. Casi todos los clientes terminaban haciéndola, algunos por simple curiosidad y otros porque necesitaban fingir que la mujer a la que habían pagado podía interesarse de verdad en ellos. Ella nunca se negaba a responder. Hacerlo habría despertado más interés y podía convertir una conversación sencilla en un interrogatorio.
El problema era que ninguna de sus respuestas podía conducir hasta Helen Cooper.
Ashley tenía una vida preparada para esos momentos. Una edad, algunos gustos y suficientes detalles para mantener una conversación sin revelar nada importante. Cuanto más sencilla fuera la mentira, menos posibilidades existían de equivocarse después. No hablaba de su familia, no mencionaba lugares concretos y jamás decía algo que permitiera encontrarla cuando terminara el servicio.
Había utilizado la misma información tantas veces que ya no necesitaba detenerse a pensar antes de contestar. En cuanto estaba con un cliente, Ashley ocupaba su lugar y Helen quedaba apartada de todo lo que pudiera suceder durante aquellas horas.
—¿Qué quieres saber? No hay mucho que contar.
—Lo que puedas decirme. Tu nombre, tu edad y cosas así. Nada fuera de lo normal. Solo quiero romper un poco el hielo, el camino es bastante largo.
Helen acomodó el bolso sobre sus piernas. Lucas no le había pedido nada extraño. Aun así, recordó que seguía siendo un desconocido y respondió con la información que acostumbraba a utilizar.
—Me llamo Ashley, tengo veinticinco años, me gusta comer helado, me apasionan las películas asiáticas y también las novelas. ¿Y tú?
Parte de lo que había dicho podía coincidir con sus verdaderos gustos. Eso ayudaba a que la historia sonara natural, pero no significaba que Lucas estuviera conociéndola. Él solo sabría aquello que Ashley Cooper estaba dispuesta a contarle durante el tiempo que durara el servicio.
—Tengo veintiséis. Bueno, hoy cumplo veintisiete.
Helen se volvió hacia él, creyendo que no había escuchado bien.
—¿Es en serio? No te creo.
—En serio. Hoy es mi cumpleaños.
—Wao. En ese caso, ¡felicidades!
—Gracias.
La conversación terminó allí. Lucas aumentó un poco el volumen de la música y continuó conduciendo. Helen miró por la ventana mientras intentaba entender por qué un hombre de su posición había decidido pasar su cumpleaños con una dama de compañía. Podía comprender que la contratara cualquier otro día. Los hombres no siempre buscaban sexo. Algunos pagaban porque querían hablar con alguien que no conociera a sus esposas, sus familias o sus negocios. Otros necesitaban compañía para asistir a una cena o para evitar estar solos durante unas horas. Helen había aprendido a escuchar sin hacer demasiadas preguntas y a marcharse sin llevarse los problemas de sus clientes.
El caso de Lucas era diferente. Era joven, atractivo y pertenecía a una familia conocida. No parecía un hombre obligado a pagar para que una mujer aceptara pasar el día con él. También debía de tener amigos dispuestos a organizar una celebración y muchas personas interesadas en acompañarlo. Sin embargo, había contratado a Ashley, preparado un helicóptero y elegido una propiedad situada a cuatro horas de la ciudad.
La cantidad que había ofrecido hacía que todo resultara todavía más extraño. Lucas podía haber contratado a cualquier otra mujer por mucho menos dinero, pero había preguntado específicamente por ella. Helen no encontraba una explicación y tampoco podía preguntárselo sin revelar cuánto la inquietaba.
Pasó la primera hora observando la carretera y pendiente del tiempo. Lucas no volvió a intentar conversar. Tampoco hizo preguntas sobre su trabajo ni quiso conocer más detalles de la vida que acababa de inventarle. Se limitaba a conducir, con una mano sobre el volante y la atención puesta al frente.
Durante la segunda hora, Helen comenzó a sentirse incómoda con el silencio. Estaba acostumbrada a que los clientes intentaran impresionarla, hablaran de sus negocios o explicaran cuánto habían pagado por el automóvil en el que viajaban. Lucas no mencionó su dinero y tampoco pareció necesitar que ella lo alabara. Solo cambiaba la música de vez en cuando y continuaba avanzando hacia aquel lugar que tanto deseaba mostrarle.
Helen volvió a revisar la hora. Las horas de carretera también formaban parte del día contratado y debía aprovecharlas. No importaba que Lucas hubiera sido respetuoso o que fuera su cumpleaños. Las reglas que seguía con cada cliente existían para protegerla y no podía ignorarlas únicamente porque él le resultara distinto a los demás. Ya habían pasado dos horas cuando decidió hacer la primera parada.
—Necesito ir al baño.
