Capítulo 1 La boda de Alex y Lina- parte 1
La tan esperada boda. La boda que se hizo rogar. Al fin llegó —suspiro drámatico—. La boda de Alex y Lina.
Los nervios podían más que cualquier otro sentimiento. Todo desapareció, solo quedó el temor dando un paso al frente y haciendo que sus manos suden, sus cuerpos tuvieran un ligero temblor y sus corazones palpiten más rápido de lo normal. Ambos, cada uno en sus posiciones, tenían el mismo sentimiento, estaban a punto de estallar. Eran una bomba de relojería y cada minuto que pasaba, se volvían más susceptibles a lo que pudiera pasar. Pero ninguno iba a dar marcha atrás. Ambos se aman, ambos han esperado tanto ese momento y no lo iban a dejar pasar por nada en el mundo. Ni siquiera el miedo los iba a hacer retroceder.
Por un lado, estaba Alex, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado, preguntándose si todo lo que preparó para su futura mujer, iba a ser de su agrado. Quería que todo saliera perfecto, sabe muy bien que su Ángel es difícil de sorprender, pero él lo tenía que lograr, tenía que darle una boda inolvidable, algo que en definitiva le haga sentirse única y amada. Y, obvio que una boda a su altura. Desde que Alex le pidió matrimonio en una avioneta yendo en picada al Perito Moreno, cada vez que piensa en altura, le hace pensar en su pasión “los aviones” pero a no exaltarnos, esta vez eligió otro medio de trasporte para la gran boda. Un crucero.
Esta boda está llena de sorpresas, en verdad es una boda muy distinta a las demás, no es una boda común y ni hablar con ser normal. Son Alex y Lina, no hay nada normal en su relación, por lo tanto, no va a ver una boda normal para ellos, obviamente que no va a ser así. Alex se esmeró al punto de enloquecer para darle un giro diferente a esa unión para su amada. Y el crucero es nuestra primera sorpresa. O mejor dicho la de ella.
Lina por otro lado, está muerta de curiosidad y tratando de averiguar que se trae Alex entre manos, pero no va a conseguir nada de nadie. Nadie le va a dar una pista de lo que se trata todo. No sabe a dónde va a ir, en que va a ir, ni siquiera vio su vestido (vestido elegido y mandado hacer por Alex) ella lo va a ver una vez que lo tenga puesto, ya que mandó a dos mujeres para que la vistiesen y la prepararen para el gran momento.
Así que está rodeada por dos mujeres que son por completo desconocidas, por sus damas de honor, Sole y Sofi y, también por Tony, que se va a encargar de maquillarla. La tienen en la habitación de un hotel que reservaron en Mar del Plata (ella piensa que van a casarse en esa ciudad, tal vez en un casino, pensó en algún momento, pero a medida que pasaba el tiempo, no sabía qué pensar y dejó de hacerlo) tratándola como a una muñeca de trapo, vistiéndola y maquillándola, sin darle lugar a dar un vistazo a lo que le están haciendo. Las sorpresas recién comienzan y Lina no sabe todo lo que tiene por delante.
—¿Cómo es posible que el novio vea el vestido y la novia no? —se queja Lina con los ojos cerrados mientras la están vistiendo dos mujeres desconocidas, contratadas por Alex, el novio.
—Lina, no te muevas que las mujeres no pueden hacer su trabajo —la reprende Tony, mientras arregla su tocado.
—¿No es de mala suerte que el novio vea el vestido antes de la boda? —pregunta con socarronería la novia.
—No lo vas a ver hasta que lo tengas puesto —advierte Sole vigilando que Lina no abra los ojos.
—Esto es absurdo —resopla—. Y me siento como una dama del siglo XV cuando ellas no se vestían solas. Es incomodo —masculla.
—Has hecho cosas más incomodas —Le recuerda su amiga.
—¿Y por qué no están vestidas ustedes? —cuestiona ofuscada.
—Porque si no te darías cuenta de que se trata todo —interviene Sofi con una gran sonrisa al ver a su amiga a punto de ir al altar.
—Están todos en mi contra —farfulla Lina y ellos se carcajean.
—Quieta —regaña Tony de nuevo.
Ella vuelve a resoplar para demostrarles que no le gusta nada que la mantengan en incógnita.
—Listo —dice una de las mujeres desconocidas juntando las palmas de las manos y la admira con adoración.
—Esta hermosa —chilla la otra mujer.
Ella está por abrir los ojos y Sole la detiene.
—Espera —La lleva al enorme espejo que tiene en el vestidor, la enfrenta a este y la suelta—. Ya puedes ver —murmura.
Lina abre los ojos y pestañea un par de veces para acostumbrarse a la luz por el tiempo que llevaba a oscuras. Una vez que los pudo abrir y verse, su mandíbula cayó al suelo y sus ojos se salieron de órbita. No daba crédito a lo que veía, ni mucho menos, jamás se imaginó embutida en un vestido de novia. El vestido de un blanco impoluto, largo hasta los muslos con un tajo en el izquierdo, un escote corazón adornado con perlas de color azul eléctrico en los bordes y por el medio de los pechos, hasta la cintura, imitando una corbata. La cintura era rodeada por un lazo también azul tirando a turquesa, de ese lazo caía un tul transparente, que prácticamente tapaba sus zapatos, solo dejaba ver las puntas de estos y su lado izquierdo estaba bordeado por perlas blancas. Sus zapatos eran de cristal, diez centímetros de alto y con tiras que se enredaban en sus piernas hasta llegar una mano por debajo de sus rodillas. Al darse la vuelta su sorpresa fue mayor, su espalda estaba al descubierto, el vestido solo se enganchaba con dos botones en la parte alta y toda la demás espalda que quedaba a la vista parecía un enorme corazón por la forma en que dejaba expuesta su piel ese maravilloso vestido. El velo caía a lo largo como una cortina de seda y refinada, sostenido desde su cabeza por un shapó blanco. La cola del tul se arrastraba unos cincuenta centímetros por el suelo.
Sus ojos ardían por las lágrimas, pero no quería dejarlas salir, no quería estropear el trabajo que hizo Tony con el maquillaje. Sus ojos tenían los colores de la tierra, un suave marrón, casi beige la sombreaba, delineador negro rasgando sus ojos, dándole una forma de ojos de gatos, haciéndolos ver realmente exóticos. Su rostro en un tenue rubor y sus labios rojos fuego, haciéndolos ver más voluptuosos y llenos. Lina estaba paralizada frente al espejo. La imagen que este le devolvía no era la de ella, era la de una mujer totalmente diferente. Pero no diferente para mal, si no, diferente para bien, para mucho mejor que bien.
