Ahora eres mía

—¡TÚ!—con los dientes apretados, me dirigí hacia Gideon Henry. Golpeé su escritorio de madera con mi mano y lo miré directamente a los ojos, mis ojos ardían de ira—. ¡Libera a mi padre!

Él levantó las cejas—. ¿Y por qué haría eso?

—¡Mi padre es inocente! No te robó ningún dinero. ¡Cómo te atreves ...

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