Capítulo 158

Ya habían pasado dos días desde que cometí aquella estupidez—emborracharme y entregarle mi virginidad a un desconocido cuya cara ni siquiera pude ver, mucho menos saber quién era. Lo único que recuerdo es cómo me tocaba—esa sensación sigue pegada a mi piel—y su voz, susurrándome tan cerquita del oíd...

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