Capítulo 22

Ni siquiera había amanecido del todo cuando el teléfono vibró en la mesita de noche. Solté un gemido, entreabrí un ojo y tanteé a ciegas para agarrarlo. La pantalla brillaba como si supiera algo que yo no.

Faye.

Otra vez ella.

Abrí el mensaje con la misma desconfianza que tendría al meter la mano...

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