Capítulo 30

No me moví.

Aunque quisiera, no podía hacerlo.

Sus ojos ya me tenían atrapada, sentía que me habían robado el alma.

Ni siquiera Kaya, mi loba, se había sentido tan presente como ahora. Me habló por segunda vez, pero todo lo que dijo fue sobre él. Como si su existencia fuera un imán... imposible d...

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