Capítulo 37

El calor me subía desde el pecho, como una ola ardiendo que se colaba por cada vena hasta llegar a la punta de los dedos. Pero no era cosa de clima ni de calefacción del auto. Cambié de posición, queriendo ganar aunque fuera un mínimo de espacio, pero antes de que pudiera moverme, la mano de Lucien ...

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