Capítulo 40

Lo primero que vi al abrir los ojos fue a él.

Ni más ni menos que Lucien.

Estaba sentado justo al lado de mi cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza inclinada hacia mí, como si llevara horas observándome. La luz tenue de la lámpara proyectaba sombras sobre su mandíbula afilada, y ...

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