Capítulo 43

El aire fresco del paseo todavía me llenaba los pulmones, y por fin sentía que se me había estabilizado el pulso. No podía negarlo: la idea de Kathleen de salir a despejarme la cabeza había funcionado de maravilla. Galopar por la cresta me había barrido las telarañas mentales como no lo había lograd...

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