Capítulo 88

En cuanto volvimos a la habitación —la misma desde la que me había llevado casi a la fuerza—, él cerró la puerta de un golpe tan fuerte que las paredes retumbaron. Aún me sostenía entre sus brazos, caminando hacia la enorme cama, y me acomodó sobre ella con una suavidad que ni de lejos coincidía con...

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