No estoy hecho de hierro

César abrió la puerta y salió una hora después. Su semblante mostraba una expresión fría y pálida mientras su ceño estaba dolorosamente fruncido. Se limpió las manos con un pañuelo, que, aunque intentó esconder en la túnica que llevaba puesta, los presentes lograron ver algunas gotas de sangre.

Sar...

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