Capítulo 6 El Gobierno Estudiantil del Estado (Parte I)

La claridad proveniente de la ventana impacta sobre mi cara, así que me doy la vuelta ante la incomoda luz y el colchón de mi cama se hunde ante el movimiento. El canto de los pajaritos cerca de mi ventana, son música para mis oídos y al escucharlos tan cerca apartó mis cobijas y me levanto con rapidez dirigiéndome al ventanal deseosa de verlos. No obstante, lo único que logro ver es esa silueta extraña a lo lejos mirando con detenimiento hacia mi dirección.

Esto ya no es normal.

¿Qué es lo que quiere de mí?

Porque ya ha pasado mucho tiempo y aún continúa detrás mío.

Cierro la cortina algo temerosa y me encamino a la cocina. Saludo a mi madrina y después me siento en la mesa para desayunar.

Ya ha pasado un mes desde que fuimos a la Residencial Hamilton Crue y entregamos aquel pedido en donde todo se salió de control. Después de eso me acuerdo que llegamos a Food Lover's y la «fastidiosa» cuando nos vio llegar su expresión era de hastío con cara de querer matarnos y pues, nos tiro una retahíla de regaños.

Al final le explicamos todo lo qué pasó y ella pareció entender aunque no del todo.

Hasta ahora no he podido olvidar ese día, aún lo recuerdo perfectamente cómo si hubiese sido ayer, y más aún porque por desgracia perdí mi pulsera de amuleto. Creo que se me cayó en la piscina y eso es algo que me duele bastante porque ese amuleto significa mucho para mí.

Era un recuerdo relacionado con mi padre, lo cual aún es un misterio para mí.

Por mi cabeza cruzo la idea de ir a la mansión y buscarla, pero Ander al enterarse se negó rotundamente, pues según él ese lugar no es confiable.

Sus ideas no tienen ninguna conclusión lógica, como tampoco la actitud que tomo ese día y por lo que no quiso dar explicación alguna.

Varias veces he tratado de entrar al cuarto secreto que esta situado detrás de la cocina, en donde hay muchas cosas de mi papá. Siempre permanece cerrado con llave y por más que le insisto a Madrina para que lo abra, dice que las llaves se perdieron, cosa que no creo.

No me trago esa mentirota.

Por otro lado Tess cada que puede pasa recordándome lo guapo que está el chico de los ojos verdes que me salvó, al igual que el otro amigo de él. Al parecer ella quedo maravillada con ese chico.

Al menos, no fui la única que quedó obsesionada.

Ander siempre que nos escucha hablar sobre ese tema se enoja, no soporta ni siquiera que mencionemos lo que sucedió. Ese día me dio la impresión de que no le agrado para nada el chico de los ojos verdes ni sus amigos, pero sigo sin entender el motivo.

Todo parece indicar cómo que los conoce pero no sé.

¿Será posible?

Por un momento lo pensé, sin embargo no lo creo, estoy segura de que él me lo hubiera contado. Además... ¿De donde podría conocerlos si esos chicos no son de aquí?

Cuando le conté a mi hermano todo lo que pasó se alarmó un poco, más cuando se enteró de que casi me ahogó por culpa de una «Histérica peliteñida» Sin embargo, luego se tranquilizó al saber de que alguien por lo menos tuvo la gentileza de ayudarme.

El chico de los ojos verdes.

Hasta ahora no he podido olvidarlo. Su mirada, esos hermosos ojos, la manera tan dulce de sus palabras cuando me pregunto «¿Estás mejor?» Ugh... fue algo tan lindo que removió algo en mi interior.

La duda sobre su tatuaje me dejó muy intrigada, ya que tengo la intuición de que él sabe el significado de ese símbolo, pero... ¿de que me sirve? si nunca más lo volveré a ver.

No pierdas las esperanzas.

Muchas cosas han ocurrido este mes y una de ellas es que Doña Florencia vino a mi casa a contarle Madrina lo que que pasó respecto a las flores que agarré de su casa y la muy víbora la amenazo diciéndole que eso no se iba a quedar así. Que haría hasta lo imposible para que yo reciba un buen castigo alegando de que yo soy una mocosa repugnante sin una pisca de educación.

Vieja viborosa.

Solo por unas benditas flores que ni cuida se pone a especular sandeces de mí. Me parece indignante.

Tras de eso, lanza una amenaza absurda todo porque no me soporta y sé que si se lo propone puede terminar por afectarme.

Conozco a Florencia, es una señora irritante e antipática, ella siempre cree tener la razón en todo y piensa que los demás están mal excepto ella, no le importa pasar por encima de los demás con tal de conseguir lo que quiere y más cuando algo le disgusta y por eso sé que su amenaza no es en vano.

Pero bueno, la verdad no quiero sobre pensar, ni tormentarme mas de la cuenta.

Yo le expliqué a Madrina el por que de mi travesura al arrancar las flores y ella me regañó si, era de esperarse, pues tiene toda la razón al decir de que no es correcto que tome algo sin permiso «lo sé» pero soy consciente de que no lo hice con ninguna malicia, si no porque me dio lástima ver tantas flores lindas así tan descuidadas.

En el colegio, traté de hablar con Loui con el propósito de que me explicara sus palabras referente a la persona misteriosa, y lo único que me dijo fue «El destino te dará las respuestas que necesitas»

Me dejo peor de desconcertada.

Llevo días pensando en una posible respuesta, pero sigo sin lograr nada, así que he hecho el esfuerzo de no darle tanta importancia.

Y dejando de lado el tema de los acontecimientos sucedidos. En los últimos días, Madrina ha estado muy extraña, la he notado preocupada y algo nerviosa.

Justo ahora ella se encuentra sentada en la mesa del comedor. La miro fijamente y se muestra pensativa con su vista puesta en un punto fijo.

—Madrina, ¿estás bien?

Ella me observa y sus ojos cafés acoplan un aire de nerviosismo.

—Eh... si mi niña estoy bien —finge una sonrisa y de forma torpe se levanta de la silla y va hacia el fregadero dándome la espalda.

—Te he visto preocupada, ¿Hay algo que me quieras decir? —me acerco a ella y apoyo un lado de mi cadera en el mueble que conforma el fregadero, pongo una mano sobre su hombro y ladeo la cabeza para mirarla.

—No mi niña no pasa nada, no te preocupes —acaricia la mano que tengo sobre su hombro y acto seguido abre el grifo para intentar lavar los pocos trastos que hay.

A mí no me engaña. Estoy segura de que algo le pasa.

¿Por qué no me lo quieres decir Madrina?

—¡Buenos días! ¿Como están las mujeres más importantes de mi vida? —exclama mi hermano entrando a la cocina, se acerca a nosotras y nos planta un beso en la frente a mí y a Madrina como siempre lo hace.

—¡Buenos días! mi niño hermoso —Madrina le jala los cachetes y yo me rió.

—¡Ay! No seas grosera Madrina —se queja con una mueca mientras masajea sus dos mofletes los cuales tienen un pequeño círculo rojo.

—Es un cariñito —le dice ella con una alegre sonrisa mientras cierra el grifo—. Bueno apúrense a desayunar no quiero que lleguen tarde —se da la vuelta y aplaude rápido señalando la comida sobre la mesa.

—Yo ya termine así que iré a traer mi bolso y a lavarme los dientes —con costos probé dos bocados de una tortilla con picadillo de papa.

Salgo de la cocina y camino hacia el baño.

Una vez terminó de lavarme los dientes voy hacia mi habitación a recoger mi bolso. Vuelvo nuevamente a la cocina para despedirme y Adriel me dice que me quede afuera mientras él habla con Madrina sobre un asunto.

Me quedo extrañada al punto de quedar como tonta delante de ellos. Ninguno de los dos es capaz de explicarme nada, así que sin mas remedio decido salir y esperar junto con los chicos Tess, Ander, Tamara y Rufus.

Eso es demasiado raro.

Pasan alrededor de quince minutos y mi hermano aún no sale de la casa.

¿De qué tanto están hablando?

—Amiga —Tess me sacude el brazo—. Adriel ya salió vámonos —al instante volteo a ver a mi hermano.

Viene con una expresión inusual en su rostro, refleja preocupación y enojo a la vez, no lo sé claramente, pero está distinto.

¿Qué habrá pasado?

Me apresuró para acercarme a él y despacio pongo mi mano sobre su espalda.

—Adriel ¿estás bien?

—Si tranquila —me brinda una sonrisa entrecerrada dándome un beso en la cabeza—. Todo está bien.

Yo asiento con incertidumbre, devolviéndole una sonrisa pequeña.

Sé que algo anda mal, solo que no le apetece decirmelo ¿Por qué? no lo sé, pero si mi hermano no quiere hablar sobre eso tengo que respetarlo, no puedo presionarlo. Lo único que deseo es que lo que sea que esté pasando se pueda arreglar de la mejor manera posible.

En el fondo me duele que no confíe en mí.

Durante todo este tiempo hemos estado llegando temprano al colegio y tratando lo menos posible de faltar a clases.

—Los felicito chicos he visto el gran cambio que han tenido este mes, han puesto mucho esfuerzo y dedicación —comenta la Directora Katherine al momento en que nos topamos con ella en el pasillo.

Se siente tan bonito que nos feliciten así.

Tenemos tanto que agradecerle porque gracias a ella hemos podido continuar trabajando. Su apoyo ha sido de gran ayuda para nosotros.

La directora se comprometió en hablar con nuestros profesores para que nos permitieran salir un poco antes de clases con la excusa de «un problema familiar». Es por eso que nos han tenido mucha consideración.

—Sigan así chicos se que de verd... —es interrumpida por Berenice, quien trae unas carpetas en sus manos.

—Eh, disculpe Doña Katherine.

—Dime Berenice, ¿Qué pasa? —se gira hacia ella.

—Es para informarle que el señor Esteban Miller y la señora Cecilia Limwol se encuentran aquí —masculla en voz baja acercándose a su oreja.

—¿La Presidenta y él Vicepresidente del Consejo Estudiantil del Estado? —la directora abre sus ojos como platos dejando a la vista su enorme asombro.

¿Qué hacen ellos aquí?

—Así es —afirma Berenice—. Se acuerda que...

—Si —la corta ella.

—Bueno, la están esperando en su oficina.

Me estoy empezando a poner nerviosa y no sé ni por qué.

—Iré a mi oficina para no hacerlos esperar más tiempo —se despide de nosotros y gira por el pasillo apurada—. ¡Acompáñame Berenice por favor!

Esto no me está gustando nada.

¿Por qué vinieron las personas más importantes del Gobierno Estudiantil del Estado sin avisar?

La última vez que vinieron fue hace aproximadamente 8 meses, con el fin de revisar el control y expedientes de los estudiantes. Siempre avisan con anterioridad al momento de visitar el colegio sin embargo, esta vez no fue así.

—Mmm... algo no anda bien —murmura Tess cruzándose de brazos sin dejar de observar el camino por el que se perdió la directora.

—Los miembros del Gobierno Estudiantil del Estado me dan demasiado miedo —dice Tamara con voz temblorosa.

—Nah, tranquila no va a pasar nada —Rufus hace una gesto con su mano, restándole importancia.

Me centro en mi hermano y su cara esta completamente inexpresiva. Él se encuentra con mi mirada y hace el intento de simular una sonrisa como diciéndome 'Todo estará bien'. Se aproxima a abrazarme para mantenerme más tranquila porque claramente yo estoy muy nerviosa y él lo sabe.

Adriel de manera improvisada me alza, manteniendo sus manos debajo de mis axilas y me empieza a dar vueltas en el aire con la intención de marearme. No obstante, antes de llegar al punto de ver todo borroso y movible, mi risa se esfuma al ver a la persona que viene caminando por el pasillo. Inmediatamente le digo a mi hermano que me baje y corro hacia ella.

—¿Madrina? —frunzo el ceño—. ¿Qué haces aquí?

Ella detiene su paso y pasa sus manos con inquietud por los lados de su pantalón blanco.

—Me ha llamado la Directora para que venga.

—¿Qué?, pero... ¿Cómo? Ella en este momento está hablando con la Presidenta y el Vicepresidente del Gobierno Estudiantil del Estado, ¿Por qué te ha pedido que vinieras? —estoy muy exaltada, no paro de moverme de un lado a otro.

—No lo sé, ayer me llamo y quedamos a esta hora. Más tarde hablamos —da unos pasos hacia mí y coloca una mano sobre mi mejilla masajeándola con suavidad.

—¿Ayer? —cuestionó frunciendo el ceño—. ¿Por qué no me dijiste nada Madrina?

Ella le echa un vistazo disimulado a Adriel y puedo ver en sus ojos una tristeza inmensa. Después sin decir nada, continúa con su trayecto hasta la oficina de Katherine.

¿Por qué la directora llamo a Madrina?

Eso solo puede significar una cosa «problemas»

No te adelantes a los hechos por favor.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo