Capítulo 7 El Gobierno Estudiantil del Estado (Parte II)
—Adriel... ¿explícame que diablos sucede? —me planto frente a él.
—Taimy no... —da una fuerte exhalación y se apreta los ojos—. Todo estará bien —pone sus manos sobre mis hombros y niego con la cabeza ante su respuesta.
—Nada está bien y lo sabes —le digo con dolor—. Pero okey... si no me lo quieres decir está bien.
Me marcho, decidida a descubrir que es lo que está pasando.
Ha pasado bastante tiempo y no me he meneado del pasillo que da a la dirección. No me importa esperar, cada segundo es un martirio si, pero necesito quedarme aquí. Hace como media hora Madrina entro a esa a esa oficina y aún no sale.
Pasado alrededor de una hora, la campana suena recordándome que tengo una clase de Matemáticas y me debato sobre si ir o continuar aquí esperando. Y la respuesta se ve reflejada en mi hermano quien me obliga a entrar al salón con la excusa de que no puedo faltar a lecciones.
Que día más horroroso.
La profesora Melda está explicando algo en la pizarra haciendo trazos de haya para acá y yo no soy capaz de concentrarme. Tambaleó mis piernas con insistencia y no paro de comerme las uñas. La curiosidad me está matando.
Tess me pasa un brazo por detrás de los hombros y visualizo a Adriel afuera del salón recostado a un poste de cemento con sus ojos plantados en el suelo.
Su estado solo me incita a pensar lo peor.
No me siento en paz estando aquí adentro, cuando lo único que quiero es salir y saber que hablo Madrina con esas personas.
Mis uñas están hechas un desastre, ya ni siquiera tengo un bordecito donde arrancar.
—¡Ya basta Taimy! —me regaña Tess quitándome las manos de la boca—. Te vas a comer las manos, tienes que estar tranquila, nada malo va a pasar.
—No puedo estar tranquila Tess —pongo una mano sobre mi mejilla con el codo apoyado sobre el pupitre.
—Trata de estarlo amiga.
Los minutos pasan y sigo sin saber que esta sucediendo en la oficina de la directora. Después de un largo rato veo a Doña Berenice posicionándose en el umbral de la puerta del salón y llama a la profesora.
Ella se acerca y no sé que tanto murmuran entre ellas, pero no tardo en escuchar:
—Taimy acompaña a Doña Berenice —me indica la profesora volviendo a su escritorio.
Un torrente de nervios me sacude todo el cuerpo.
Me levantó despacio con mis piernas temblorosas, procedo a agarrar mi bolso y ponerlo sobre el hombro y le doy un vistazo rápido a Tess y ella me susurra «tranquila»
Todo tiene que estar bien.
Salgo del salón y mi hermano ya no se encuentra donde minutos atrás lo vi, pero lo visualizo a lo lejos al final del pasillo. Camino detrás de Berenice y ella ni siquiera se digna a decirme nada.
Conforme doblamos a la derecha para seguir el trayecto hacia la dirección Adriel se acerca a mi lado para caminar junto a mí.
Llegamos a la puerta y Berenice se gira para hablar.
—Taimy necesito que te quedes un momento aquí afuera, primero entrará tu hermano.
—¿Por qué? —preguntó temerosa.
—Tranquila pronto lo sabrás.
Adriel me planta un beso en la frente antes de entrar a la oficina y resignada me siento en una silla plástica que está cerca de la puerta.
¿Cuál es el maldito misterio?
Estoy harta.
Cada minuto que pasa me desespero aún más.
Juego con mis pies chocando mis zapatos uno con el otro, mientras mantengo la vista en el suelo.
Al cabo de media hora la puerta se abre y veo a Berenice invitándome a pasar. Mi corazón empieza a latir de forma desenfrenada y siento un revoltijo en el estómago cargado de angustia.
Temerosa me levanto de la silla y despacio me adentro en la oficina.
A la primera que observó es a mi Madrina la cual esta sentada mirando hacia el suelo y al siguiente que distingo es a Adriel de pie con los brazos cruzados, con la espalda recostada en la pared justo a la par donde se haya el sillón grande. Su vista está fija en la ventana.
El ambiente se siente muy tenso y... tengo miedo de lo que eso signifique.
—Taimy, ¿Cómo estás? Mi nombre es Cecilia Limwol y soy la Presidenta de la Asesoría del Gobierno Estudiantil del Estado y mi compañero es Esteban Miller el Vicepresidente —anuncia la señora de cabello café muy amablemente mirándome con unos hermosos ojos azules.
Lleva puesto una blusa blanca por debajo y por encima un elegante traje gris al igual que su falda que combina a la perfección.
Ella me señala a un señor robusto de pelo canoso, ojos cafés y de aproximadamente unos 46 años. Viste con un pantalón gris, un traje del mismo color y debajo de este tiene una camisa blanca en donde sobresale una corbata.
—Amm... mu-cho gusto —respondo tartamudeando.
—Por favor, toma asiento —el señor me señala el sillón grande.
Me siento en la orilla justo donde está mi hermano de pie y él ni siquiera me mira.
—Muy bien Taimy vamos a explicarte el porqué estás aquí ¿está bien? —habla la señora Cecilia cruzando las piernas y colocando sus manos entrelazadas sobre su rodilla.
Asiento con mi cabeza y trago saliva.
—Hemos estado revisando tu expediente y descubrimos que eres una alumna muy disciplinada, e incluso nos ha comentado la Directora Katherine que eres la presidenta de tu clase y que lo manejas excelente —ella me mira fijo sin dejar de hablar—. solo qué hay algo que me ha llamado mucho la atención —le da un vistazo rápido a mi hermano—. Durante el mes pasado tu y Adriel tienen muchas ausencias.
¡Ay no!
Pensé que esas ausencias Berenice las había eliminado del sistema y mi indignación se nota cuando pongo mis ojos en la secretaría, pero ella parece muy relajada.
Me enfoco en mi hermano quien medio me ve y solo se encoge de hombros.
Bajo la vista y aclaró mi garganta antes de comenzar a hablar.
—Amm... mi hermano y yo...
—A mi me parece —El señor Esteban me interrumpe—. que esas ausencias se deben al trabajo de medio tiempo que tienen.
Sin más, alzó mi cabeza y lo miró asombrada.
¿De verdad dijo eso?
Osea, que ellos ya están enterados que...
No, no, no...
De reojo examino a la directora, y está permanece callada con la cabeza gacha. Y ni hablar de Madrina, está en la misma posición.
¡No puede ser!
Vuelvo a mirar a mi hermano y este lleva sus manos a la cara y la frota con frustración.
¡Maldición!
No puedo quedarme de brazos cruzados.
—¡Lo podemos explicar! —exclamó sobresaltada levantándome de golpe del sillón.
—No hace falta —pronuncia ella haciendo un ademán con su mano—. Tú eres menor de edad Taimy, al igual que tu otra compañera tan solo tienen 16 años. Ustedes no tienen porque estar trabajando y descuidando el colegio que debería ser su única prioridad.
—Además... —continúa el señor Esteban—. Tenemos algunas quejas con base a tu comportamiento —recoge unos expedients y los apila en orden.
¿Quejas?
Cómo es posible si yo...
—Una señora se quejó acerca de que eres una chica muy maleducada y que tiene muchos problemas contigo porque le robas las flores de su jardín.
Maldita víbora desgraciada.
Apretó con fuerza mis dientes y con rabia pasó mis manos por los lados de mis piernas.
¿Florencia fue capaz de atreverse a eso? Es increíble los alcances de esa vieja.
¡Claro!
Su amenaza por fin cobra sentido.
Miro a Madrina y en su rostro se refleja una profunda tristeza ante todo lo que está sucediendo y eso me estremece. Tengo unas inmensas ganas de llorar.
No sé que más decir, así que dándome por vencida vuelvo a sentarme.
—En fin... —objeta la señora Cecilia acomodándose en su silla, adoptando una posición más recta—. Con base, a todo lo que ha pasado hemos decidido hacerte una propuesta para tu bien —le echa una ojeada a Madrina.
—¿Qué tipo de propuesta? —preguntó frunciendo el ceño mientras alternó la mirada entre ella y Madrina.
—Una beca en el Instituto Internacional de Valle Luna.
¿Acaso es una broma?
—¿QUÉE? —chilló sorprendida parpadeando varias veces.
Jamás en mi vida espere una propuesta cómo está.
¿Una beca en el Instituto más importante de todo el estado?
—Lo mejor que puedes hacer es aceptar esa beca —sugiere el señor Esteban con una sonrisa afable.
—Ah-h yo... eh —no logro articular bien mis palabras aún sigo sin procesar esta locura—. Muchas gracias de verdad, pero yo... no quiero esa beca.
¿En serio Taimy? No puedes desaprovechar una propuesta como está.
Es frustrante cuando mi conciencia trata de contrariarme.
—Entiendo que esto te tome por sorpresa, pero créeme es una gran oportunidad para ti —la señora Cecilia se levanta de su asiento y se acerca a mí.
¿Por qué Madrina y Adriel no dicen nada?
¿Qué les sucede?
—No te preocupes Taimy, tienes hasta mañana para pensarlo bien —añade el señor Esteban moviendo su muñeca para acomodar el reloj plateado que lleva puesto—. Piénsalo bien porque es tu única opción viable de lo contrario te tendrías que...
—Hablaremos con ella —Madrina por fin decide hablar y se levanta para acercarse a mí.
—Muy bien, a las diez estaremos aquí para saber tu decisión —informa la señora Cecilia yendo al escritorio para guardar unos papeles en su maletín.
—Está conversación término, nosotros nos retiramos —concluye el señor Esteban aproximándose a la puerta.
—Por favor venga usted también Doña Beatriz —le indica la señora a Madrina antes de marcharse de la oficina junto con su acompañante.
Juro que no entiendo nada.
La víbora de Doña Florencia se quejó de mi comportamiento con ellos y ahora me ofrecen una beca en el Instituto Internacional de Valle Luna.
¿Es demasiado tonto no?
Sigo sin poder creer el ofrecimiento que me hicieron, no logro asimilarlo.
