Capítulo 38 Eres peligrosa hermana

Camila echó sus manos hacia atrás con mucha más fuerza, para así poder dejar sin aire a George.

—¡Detente! —consiguió decir George con dificultad.

—¡Déjanos ir!

El volante giró bruscamente y el automóvil volvió a desviarse. Camila perdió el equilibrio y golpeó contra el asiento, pero inmediatamen...

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