Capítulo 38

Las palabras me golpearon como un puñetazo en el pecho, agudas y repentinas, dejándome sin aliento. —¡Déjame en paz!— La voz de Lily rompió el caos matutino del patio de la escuela, fuerte y cruda, cortándome por dentro.

Me quedé ahí, congelado, con la mano aún medio levantada tras intentar alcanza...

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