Capítulo 2 H

-H, -balbuceé, limpiandome una lágrima. Estábamos mirando una película, comimos pizza, helado y, de último, una botella de Ron. Se puede decir que nos estamos emborrachando; bueno, llevamos como seis horas mirando películas de amor donde los protagonistas no quedan juntos para llorar más y más.

Son exactamente las siete de la noche y nosotras en este estado. Pero es que... ¡¿Porqué?! En estos momentos me siento estúpida. Estoy llorando por alguien a quién ni siquiera le importo. Y, bueno, Mónica está llorando porque no tiene amor.

Estamos casi igual.

-Por los chicos, por ser unos desconciderados con nosotras. -elevó su botella Mónica. Sí, ya estaba igual o más borracha que yo.

Elevé mi botella también.

-¡Salud!

Dimos un sorbo muy largo y luego a Mónica se le escapó un eruto. Reímos.

Y así pasamos casi toda la noche, hasta que, entre risas, tragos y llanto, nos quedamos dormidas.

La luz del sol se filtraba por la ventana y iba a dar directo a mis ojos. Joder, cierren las cortinas. Aplasté mi cara a mi almohada. Aunque recuerdo que mi almohada era más suave. Abrí los ojos para ver en qué tenía mi cabeza. Era un cojín del sofá.

¿Del sofá?

Miré a mi alrededor, ¡Dios! Que desastre. ¿Qué horas serán? Busqué mi teléfono que estaba bajo el sofá y miré la hora.

-¡Rayos! -exclamé, al ver que eran las seis y cuarenta de la mañana.

Llegaremos tarde al trabajo. Me levanté de golpe y sarandeé a Mónica.

-¡Llegaremos tarde al trabajo!.

La escuché gruñir. Pero se levantó soñolienta. La verdad no podemos darnos el lujo de perder ese trabajo, sino con qué pagaremos la renta.

Me metí al baño, quité toda la ropa a la velocidad de un rayo y dejé que el agua me quitara la cruda. Pero eso no funciona, siento unas ganas enormes de vomitar. Wacala. Me enjaboné, lavé mi cabello y, por último, me enjuagué.

Salí y busqué mi ropa interior en mi ropero. Me la puse y luego mi uniforme. Saqué mi cabello y me hice una cola alta. No tengo tiempo para maquillarme así que solo cogí mi bolso junto con mi teléfono y salí a buscar a Mónica, que ya estaba sentada en el sofá, bostezando y esperándome.

Fruncí el ceño.

-¿Ya estás lista? -cuestioné.

-Sí y ya son las siete y diez. -se levanta y se dirige a donde mí. La miro interrogante -¿Qué? No tuve tiempo de bañarme, así que solo me puse el uniforme y ya. Vamos.

Abrí los ojos como platos ante su confesión. Intenté no reír, pero fue inútil. Reí y después me llevé una mano a mi cabeza. Me dolía.

-Necesito un café en estos momentos. -comentamos Mónica y yo al unísono.

Llegamos a la cafetería. No habían clientes esperando. Que bueno, si por mí fuera no hubiera venido. Este dolor de cabeza me está matando y más con la luz del sol. Me senté en el banco y dejé caer mi cara en la barra.

Mónica se dirigió a la cocina y después volvió con dos bolsas de hielo. Se sentó frente a mí, entregandome una. La llevé de inmediato a mi cabeza. Sé que mi cara se mira terrible, lo sé.

-Puse agua a calentar para el café. -murmuró, bostezando. Bostezé también; me lo contagió.

-Desearía estar en mi cama. -susurré, cerrando los ojos.

-Y yo desearía que no viniera ningún cliente. -dijo ella.

Viene a mi mente todo lo que pasó ayer. Sebastián. Una parte de mí está contenta porque lo encontró pero otra parte no, porque se olvidó por completo de mí. De seguro no me reconoció ayer. Eso sería bueno. Y preferiría que no volviera a venir. Creo que no verlo más sería una buena medicina; así podría comenzar a buscar el amor en otra parte.

-Iré a hacer el café.

Mónica se dirige a la cocina. Volví a bostezar, chasqueando al terminar.

-Vaya, alguien no tuvo buena noche. -escuché decir a alguien tras mío. Oh. My. God. Esa voz. Esa voz yo la conozco. La persona responsable de mi cruda se pone frente a mí, sonriendo de lado. -Hola. -saluda.

Pensé que no volvería. Pero... Él no me conoce, de seguro le caí bien ayer, aunque lo dudo, y por eso decidió venir y hablarme. Si tengo algo de suerte, que en mi caso es difícil, no me reconocerá.

-Hola, -sonreí tímida. Todavía tenía la bolsa se hielo en mi cabeza.

-Creo que hoy tuve suerte. No me recibieron con una taza de café caliente. -bromeó. Reí sin ánimos.

-Creo que me había disculpado por eso.

Sebastián está frente a mí. Ahora sí tengo la certeza de que estoy frente a él. Después de tantos años, nos volvemos a encontrar.

-¿Ordenarás algo? -pregunté, dejando el hielo en la barra y haciendo el amago de levantarme.

-Solo quería asegurarme de que no estuviera equivocado. -murmuró, clavando su mirada en mis ojos, como dijo Mónica, solo como él lo sabía hacer.

Tragué grueso.

-¿Qué cosa?

Se quedó pensativo un momento.

-De que eres Ariana Cassidy. -dijo. Oh, oh, creo que sí me conoció. -La única chica de quién de verdad me había enamorado en la secundaria Hyland.

Mi corazón se detuvo. ¿Acaso dijo que...? ¿La única? Pero dijo "me había" tiempo pasado. Ah, claro, ahora tiene novia y la ama. Sonreí.

-Sí, soy Ariana Cassidy. -me puse de pie. Está más alto que yo. -Y tú eres Sebastián Morris -mí Sebastián.

Sonrió de lado. Y pensar que nunca tuve la oportunidad de darle un beso. Nunca. Me hubiera gustado ser yo la que le diera su primer beso, cuando me conoció fui la primera chica que le gustó de verdad, o eso fue lo que dijo y en cerio que me halagó en su momento.

-Pensé que nunca te volvería a ver -susurró-Después de la secundaria no supe nada más de ti.

Lo sé. Pero era lo mejor, en ese momento.

-Sí, Mónica y yo nos mudamos aquí.

Y como si la hubiera invicado, Mónica atraviesa el umbral de la puerta con las dos tazas de café.

-Aquí están dos cafecitos para esta cruda por culpa de... -se detuvo en seco al ver a Sebastián, no entendió al principio pero luego sonrió, poniendo los cafés en la mesa.-¡Sebastián! Tanto tiempo.

-Hola, Mónica-la saludó.

Cogí mi taza de café.

-No creí que volvería a verte. Y menos Ariana. -confesó ella. Casi me atraganto con el café, solo espero que no diga nada comprometedor.

-Nadie se esperaba este encuentro -me mira-Pero fue lindo.

Le di una mirada a Mónica, ella tenía una sonrisa pícara. Y yo me doy cuenta de que esta ha sido la conversación más larga que hemos tenido desde que nos conocimos. Está claro, ya no somos esos niñitos tímidos, aunque admito que todavía me pone nerviosa.

Carraspeé.

-Y... ¿cómo has estado? -pregunté.

-Pues bien. -se rascó la nuca, nervioso. Miró a ambos lados-Si quieres nos podemos sentar y... Charlar.

Me mordí el labio inferior. No era mala idea.

-Claro.

Caminamos hacia una mesa al fondo, me senté frente a él con mi taza de café en las manos. Estoy nerviosa, pero tiene novia, él solo me está saludando como los buenos amigos que seremos... Creo. Sebastián está algo inquieto, su cabello color negro ahora está libre, antes lo caminaba bien acomodado, tan decente. Ahora es otro.

-Y... ¿desde cuándo estás aquí? -pregunté, para hacer plática. La verdad yo ya sabía, no se me olvida que anoche lo estuvimos investigando.

-Me mudé hace unos meses. -contestó-Lo que menos creí era... Encontrarte. Han pasado diez años.

Lo miré. Al menos se acuerda de los años que han pasado, me hubiera decepcionado aún más si hubiera dicho que han pasado cinco o trece años.

-Sí, mucho tiempo -murmuré, asintiendo.

Su teléfono celular suena.

-Disculpa, -lo saca y contesta.-Hola, -dice-no, llegaré más tarde, sí, estoy haciendo algo importante, te llamo después, también te quiero. -colgó.

Nos soy tan estúpida como para jo darme cuenta que la que lo llamó fue su noviecita Vanesa. Ash. Lo peor es que le dijo Te quiero en mi cara.

-Era... -comienza diciendo pero hace una pausa. Lo interrumpo.

-Tu novia.

Su mirada se encuentra con la mía e intento estar lo más ceria posible, no quiero que note que me afecta el hecho de que tenga novia. No quiero parecer alguien débil hacia él, nunca he sido así y con Sebastián no será la excepción.

-Sí -murmura. -Ari, ahora que nos volvimos a encontrar me gustaría que tú y yo fuéramos... Amigos, ¿te parece?.

Claro, Amigos. Es lo único que me puede ofrecer; creo que tengo que darme por vencida y dejarlo ir, olvidar todo esto que todavía me hace sentir y darme una oportunidad de conocer a otras personas.

-Claro, a mí también me gustaría.

Sonrió de lado.

-Bien, entonces te veo luego, tengo que ir a trabajar. -se levanta. Hago lo mismo, mientras me llevo un mechón de mi cabello hacia atrás.

-Claro -digo-Nos vemos después.

Se despide con un beso en mi mejilla, tomándome por sorpresa, y se va. Llevo mi mano a mi mejilla y la dejo allí por un momento. Me besó. Suspiré profundo.

Señoras y señores, acabo de entrar a la friend zone.

Nuestra mañana se basó en atender a uno que otro cliente, dolores de cabeza, sueño y con unas cuantas ganas de vomitar. Mónica y yo, como siempre, esperamos a que llegarán las otras dos chicas del turno de la tarde para poder irnos a nuestro departamento y poder hacer lo queramos, en este caso, nada.

Le conté sobre la plática de Sebastián y yo. Se enojó mucho saber que solo seremos Amigos pero logré convencerla y de paso a mí misma. Todavía no lo creo, me encuentro con Sebastián después de diez años y solo podemos ser amigos. Esto tiene que ser una especie de broma. Era viernes y el cuerpo lo sabe, Mónica y yo salimos los viernes a divertirnos, en mi caso me ayudaría mucho. Quizá conozca a un muchacho guapo y así. Quiero olvidarme de Sebastián Morris. No quiero estar en la friendzone. No señor.

Iban a ser las ocho de la noche, me estaba poniendo un vestido pegado y unas sandalias bajas, nunca me he llevado bien con los tacones. Dejé mi cabello suelto y me maquille un poco.

-Estoy lista. -avisa Mónica.

Asiento y salimos de nuestro departamento para buscar un taxi. Intentana no pensar en él pero me era imposible.

Al llegar al bar sonreí para mis adentros. Entramos y nos dirigimos directo a la barra.

-Dos vodka, por favor. -pidió Mónica. -Hoy pienso emorracharme como ayer. -me miró.

Puse los labios en una sola línea y asentí.

-Y yo buscaré a algún chico guapo por ahí.

Sonrió pícara.

Mónica miró detrás de mí y llevó sus manos a la boca.

-¿Qué? -pregunté.

-No querrás saber esto. -murmura, tomándome de los hombros y girandome en dirección a sea lo que sea que haya visto.

Busco bien qué es. Mi mirada cayó en un chico que estaba de espaldas con una chica, a la chica yo ya la conozco, sí. Están riendo y todo. De pronto el chico se da la vuelta para pedir algo al camareo y es allí en donde me doy cuenta de quiénes son. De quien es él. De quien es ella.

Y es que mi mala suerte nunca se despega de mí.

Sebastián y Vanesa.

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