Capítulo 3 Besar
Me quedé quieta mirandolos, cogió los dos tragos que pidió y toda su atención la ocupó ella. Es odioso saber que ella ocupa un lugar en su corazón, que ella es la que lo besa. Bebí mi trago de vodka.
—¡Ariana! —gritaron mi nombre, mi vista cayó en un chico que venía entrando. El grito hizo que que Sebastián lo mirara y luego en la dirección en la que estaba viendo, osea donde mí. Lo ignoré, no quiero que se de cuenta de que yo lo estaba viendo. Sonreí en dirección a Vladimir, quien se estaba acercando a mí. —¿Cómo estás? —me abraza.
Lo abrazo también. Hago lo posible para no mirar a Sebas, actuar como si no supiera que está aquí. Recordemos que decidí no pensar más en él, en hacer lo posible para enamorarme de alguien más. Vladimir ha sido un buen amigo conmigo y en más de una ocasión me ha dicho que le gusto, que está enamorado de mí.
Nos separamos.
—Vladimir, que gusto verte. —murmuré sonriendo.
—El gusto es mío, preciosa. —me besa la frente.
Nos giramos hacia donde Mónica quién empezó a platicar con el mesero. No pierde tiempo.
—Cuentame, ya tienes novio.
Lo miré.
—No.
Alzó las cejas y se acercó un poco más a mí.
—Bueno... Creo que eso es una buena noticia para mí. —sonrió.
Sonreí igual. Qué pasaría si decido darme una oportunidad con Vladimir. Es una buena persona, tiene su propio trabajo, es cariñoso, amoroso y estoy segura de que no me haría sufrir. Soy la única que no quiere dar ese paso, la única que está enganchada con otra persona, otra persona a quien ni siquiera le importo, otra persona que tiene su vida hecha, tiene novia y, se ve felíz. Creo que eso es lo único que me debería de importar: que sea felíz. Si él esta felíz yo igual.
—¿Bailamos? —pregunta Vladimir, al ver que no contesto.
Asenti de inmediato. Nos dirigimos a la pista de baile y empezamos a bailar. Una, dos, tres músicas más ya estaba sudando. No puedo negar que en más de una ocasión miraba en dirección donde estaba Sebastián para ver qué estaría haciendo, si me estuviera viendo o algo así pero con tanta gente no logro verlo. Pero decidí sacarmelo de la cabeza y aunque sea muy difícil tengo que tener fuerza de voluntad y lograrlo.
—Vamos por un trago —me dijo Vladimir, tomándome de la mano y llevandome hacia la barra.
Mónica estaba bebiendo algo y seguía platicando y riendo con el camarero, creo que habrá ligue hoy.
—Yo quiero agua. Me dio sed. —dije. Él asintió y pidió nuestras bebidas. Mordí mi labio inferior y miré hacia donde estaba Sebastián, pero ya no estaba. No pude evitar sentir una pizca de tristeza. Volví mi vista a Vladimir, frustrada.
—¡Ari! —gritó Mónica, apareciendo en mi campo de visión con... Sebastián. Oh, Dios. Y atrás de él viene su novia.
Dios, mátame.
—Mira a quién me encontré. —lo señala.
Miré a Sebastián. Sonreía de lado, un poco incómodo claro. De pronto su novia enrosca su brazo con el de él y habla.
—Hola, Soy Vanesa. —me estrecha su otra mano.
Dudé en tomarla pero lo hice.
—Hola.
Sebastián miró de Vanesa a mí.
—Hola, Ari. —me saluda. —No pensé encontrarte aquí.
Como que últimamente no piensa mucho.
—Lo mismo digo.
El ambiente era un poco incómodo. Silencio por unos segundos pero gracias a Vladimir no duró mucho.
—Ariana, mi amor, toma tu agua. —me la entriega para después mirar a los chicos que estaban frente a mí. —Oh, Hola.
Admito que gracias a Vladimir no me sentí tan tonta ahí. No le diré nada por decirme "mi amor" fue perfecto. No es que quiera poner celoso a Sebastián, nada que ver. Es solo que... ¡Bien! Muy en el fondo quiero ver si se pone celoso. Sebastián mira a Vladimir como si fuera un mosquito a punto de ser aplastado por él.
¿Está celoso? ¿lo he logrado? No, eso no puede ser. A mí las cosas nunca me salen bien.
—Bueno, creo que nosotros nos vamos a un lugar mas privado. —Vladimir me toma de la cintura y me lleva al fondo, en donde hay unas escaleras.
Le sonreí a los chicos y me dejé llevar por él.
—Vladimir, ¿a dónde vamos? —cuestioné siguiendolo.
—Calma.
Subimos unas escaleras y llegamos a una especie de terraza donde se podía observar perfectamente el cielo, las estrellas.
—Me di cuenta cómo te miraba ese tipo. —comentó.
Bebí agua.
—¿Cómo me miraba según tú? —pregunté.
Vladimir quedó pensativo un momento y dio un sorbo a su cerveza.
—Sino es que lo vi con su novia juraría que estaba celoso de mí. —dice.
Y esas palabras me dieron un poco de alegría. Quería sonreír pero no, no lo haré.
—¿Ah, si? Yo no noté eso. —murmuré, mirando las estrellas.
Aquí no se escuchaba mucho la música. Que bueno porque ya me tenía loca ese alboroto.
—En fín, ¿desde cuándo se conocen? —preguntó.
Desde pequeña. Pero no se lo iba a decir, no voy a andar publicando mi historia por ahí, además ya nada de eso importa. Sebastián tiene novia. Él ya se olvidó de mí.
—Desde hace poco.
Lo miré. Se quedó pensativo mirándome. Vladimir no es nada feo, y creo que le gusto, siempre tengo la mala costumbre de enamorarme de personas que no son para mí.
—Está bien. —dijo—Cambiando de tema... Me dio mucho gusto verte. —se acercó a mí sigilosamente.
—A mí también. —murmuré, dando un paso para atrás.
—¿Enserio no tienes novio?
—No tengo —contesté de inmediato.
Vladimir se estaba acercando demasiado.
—Ari, siempre me has gustado —susurró.
Retrocedí pero mi espalda chocó con la pared, él presionó su pecho con el mío, tenía la mirada en otro lado.
—Mirame —ordenó.
Fruncí el ceño y lo miré. Su mirada pasó a mis labios y en un abrir y cerrar de ojos me besó. Lo emoujé pero era inútil ¡no quiero que me bese! De pronto alguien lo apartó de mí, pude respirar tranquila.
—¡No la vuelvas a tocar! —gritaron.
Me congelé al escuchar esa voz. Esa voz que me hacía sentir miles de cosas. Esa voz que hace que mi mundo se ponga de cabeza. Sebastián está frente a mí, mirándome con preocupación.
—¡Yo me largo! —espetó el tarado de Vladimir, pero no le puse mucha mente. Toda mi atención se le llevaba Sebas.
—Ariana, ¿estas bien? —preguntó, tomando mi cara entre sus manos. Su roce. Solo su roce hace que todo mi cuerpo se encienda. Las mendigas mariposas ahora salen a volar sin rumbo.
—S-si, —tartamudeé—gracias por defenderme.
Él sonrió de lado y, de pronto, me abrazó. ¡Me está abrazando! Mi cabeza descanza en su pecho, paso mis manos por su cintura y yo también lo abrazo, lo abrazo muy fuerte porque muy dentro de mí no lo quiero dejar ir. No quiero estar sin él. Pasé mucho tiempo extrañándolo, mucho tiempo sintiendo este vacío en mi corazón y ahora... Ahora no lo quiero volver a perder. No lo haré.
