Capítulo 4 Cerca
Sentirlo así tan cerquita de mí, abrazandolo, es como un sueño hecho realidad, siempre soñé con poder volverlo a ver y poder abrazarlo, y hasta ahora se cumplió. Todavía recuerdo la última conversación que tuvimos por el chat. Quedamos mal y todo fue mi culpa, estaba enojada porque él había conseguido novia, porque se había olvidado de mí, porque actuaba como si ya no le importara por eso le dije que lo quería olvidar, pero él nunca entendió y quede como la mala, me odié por eso, repitiendome a mi misma que yo no tuve la culpa de nada. Pero ahora al parecer se le ha olvidado.
Nos separamos lentamente y nos miramos a los ojos.
—Gracias por todo, —dije. Todavía no puedo creer que él me haya defendido, nunca lo ha hecho. Pero ahora es otra persona, obviamente. Antes no sabía luchar por lo que quería, pero ahora tengo ganas de averiguar si sí.
Me regaló una media sonrisa.
—De nada, Ari, no podía dejar que ese tipo te pusiera las manos encima. —me soltó y ahora se apoyó en las barandas a contemplar el cielo. —En este caso, fue muy raro para mi, fue como un impulso que tuve.
Frunci el ceño.
—Sigo siendo el mismo, Ariana. —me miró—No he cambiado, sigo siendo el mismo mujeriego de siempre. El que cambia de novia cada dos meses, el que les dice "Te quiero" sin sentirlo, solo para tenerlas contentas. —confesó, y no sabes como me desilusionó.
Pensé que había cambiado, pero sigue sin querer a nadie. ¿Alguna vez me habrá querido a mi, o solo fui una más?.
—Pues qué mal, ¿no? —me puse seria.
—Lamento no haber seguido tus consejos hace diez años, de no ser mujeriego, de no jugar con las mujeres, de no decir "te quiero o te amo" sin sentirlo. —murmuró.
Yo también lo lamento.
—Yo te odié, ¿sabes? —me miró, se me instaló algo en el pecho—Por como me trataste la última vez, por como terminamos. Pero, mientras pasaba el tiempo entendí que me lo merecía y que tenías razón.
Por fin.
—Te diste cuenta muy tarde. —susurré.
—Quizá te esté confesando todo esto por las cervezas que me he bebido —rió—Sino nunca me atrevería.
Qué cobarde, pensé.
—Está bien. —asentí. Lo bueno es que yo solo bebí un trago sino también estuviera confesandome. —¿La quieres? —pregunté, refiriéndose a su novia.
Tenía los dedos cruzados para que dijera que no, porque si dice que sí qué pena, como siempre yo haciendo el oso.
Me miró a los ojos, su mirada tenía in brillo especial.
—Sí.
Sonreí sin ánimos. Qué estúpida soy.
—Pero, por favor, no vayas a desaparecer como la última vez. —se puso delante de mí. —Ya no.
Yo ni iba a desaparecer, solo le iba a dejar de hablar, es lo mismo, ¿no? Creo que también soy una cobarde. Pero porqué nunca lo pude olvidar, maldita sea. Te odio por eso.
—¡Quién dice que iba a desaparecer? Obvio no, Sebastián, yo ya tengo mi novio. Nos amamos mucho, sí. —sonreí, fingiendo estar enamorada.
Frunció el ceño y arqueó una ceja.
—¿Enserio? —cuestionó—¿quién es?
Mordí mi labio inferior.
—Es Steven, sí. —respondí.
—Ah, Steven, el mismo por el que me dejaste la vez pasada. —afirmó.
—Sí. Seguimos juntos. —miré al cielo para evitar mirarlo.
Solo espero que se la crea, no voy a permitir que piense que todavía lo quiero.
—Aja, como digas.
—Amor, aquí estás. —Vanesa aparece en nuestro campo de visión. —Te he estado buscando. —enrosca su brazo al de él.
—Sí, ya nos vamos —le dijo él. Se dirigió a mí—Ari, nos vemos otro día. —se despidió.
—Claro. —asentí.
—Adiós —me dijo Vanesa, con esa voz tan falsa que tiene, solo le sonreí, mientras los miraba alejarse en dirección a la salida. Sebastián está mas guapo que nunca, con razón las chicas se le quedan viendo embobadas. Que lo aproveche Vanesa, mientras le dure.
Ay, Sebastián, solo tú pones mi vida patas arriba.
