Capítulo 3 Capítulo 2
Brisa:
Los días se han pasado demasiado rápido.
No hace mucho que acabamos de llegar a nuestro nuevo departamento.
Lo malo de la mudanza es que hay que desempacar muchas cosas y es algo cansador.
El departamento es amueblado, por lo cual ha costado bastante dinero, pero vale la pena. Es un sitio bastante espacioso para ser solo tres, pero no interesa. Mientras haya más espacio para Emma, es mejor.
Observo a Gastón hablar por teléfono.
Por lo que he podio ver en la pantalla de su celular, Tiffany lo estaba llamando.
Decido apartar la vista y parecer que no estoy muy interesada en la conversación de mi novio con esa, por lo cual decido acercarme al coche en el que mi beba está durmiendo.
Amo observarla dormir. Es preciosa.
Cuando escucho a mi novio decir adiós, me doy la vuelta para preguntarle:
¿Qué quería esa zorra?
—¿Qué quería Tiffany? —intento disimular mis celos. Puede que esté exagerando un poco, pero de verdad, esa chica no me cae para nada bien. Y siempre que alguien no me cae, es por algo. Tiene algo que no sé qué es. Puede que tenga aire de zorra. Me corrijo, puede no, tiene.
—Hay posibilidades de que tengamos que ir San Francisco para un reconocido programa de televisión.
—¿Tú y ella?
—Sí.
«¡¿Con zorra?!»
—¿Cuándo? —elevo mis cejas.
—Es más probable que la semana que viene, pero aún no está confirmado. Ya sabes... es por lo de la película. —asiento.
—Ya sé. Y si tienes que ir, ¿por cuántos días sería?
—No sé. Dos o tres días, supongo.
¿Otra vez tendré que pasar días sin él? No, otra vez no.
—Pero aún no sé si debería ir —me dice—. No quiero dejarte sola con Emma. No estaría bien hacer eso.
Yo no quiero que Gastón vaya a esa entrevista, no porque me moleste el hecho de sea entrevistado, sino porque Tiffany tiene que ir con él. Me desagrada el hecho de que mi novio haya tenido que protagonizar una película junto a ella, pero siendo sincera, fuera quién fuera la chica, tampoco me agradaría. Pero tampoco puedo de ser tan egoísta por culpa de mis malditos celos. Es su trabajo y debo respetarlo. Además, confío ciegamente en Gastón, aunque el tema es que no confío en ella. Igual, como ya he dicho: Debo respetar su trabajo.
Suelto un suspiro.
—Si debes irte, vas a ir, ¿sí? Yo podré sola con Emma.
—No sé. No creo que esté bien que te deje sola con ella —toma mis manos y me acerca hacia él.
Levanto mi cabeza para mirarlo, ya que mi novio es mucho más alto que yo.
—Te he dicho que puedo sola. No tienes por qué preocuparte.
—¿Segura? —asiento en modo respuesta. Me obsequia una bonita sonrisa de esas que tanto amo y me besa en los labios—. Te amo. Lo sabes, ¿verdad?
—Claro que lo sé. También te amo.
El sonido de mi celular provoca que nos separemos. Lo tomo de la pequeña mesa, que está situada al lado de la puerta.
Es Stef.
—¡Hola!
—Hola.
Frunzo el ceño.
—¿Qué te sucede? —me apresuro a preguntar.
—¿Por qué crees que me sucede algo? —pregunta.
—Porque te conozco, Stef. Sé que algo sucede. Lo noto en tu voz. ¿Qué ha pasado?
—¿Podrías venir al departamento, por favor? o ¿Prefieres que vayamos al tuyo? Tenemos que hablar de algo importante.
—No me asustes. ¿Ha pasado algo malo? —comienzo a preocuparme.
—No sabría decirte. Quiero contarte, pero prefiero que sea en persona. ¿Mi departamento o el tuyo?
—El tuyo. Aquí hay muchas cajas, es todo un lío.
—Bien. Que Gastón también venga. Ya sabes la dirección. Te veo en un rato.
—Adiós.
Stefania:
—Bien. Que Gastón también venga. Ya sabes la dirección. Te veo en un rato.
—Adiós —se despide y cuelgo la llamada.
Me doy la vuelta.
—¿Estás segura de que es buena idea contarles?
—Sí, por supuesto, Isaac. Tu hermana y Gastón tienen derecho a saberlo. Ya sabes todo lo que les ha pasado. Hace un año atrás, pensábamos que aquellos mensajes eran una maldita broma, pero no. Terminaron siendo amenazas verdaderas, las cuales eran de parte de tres locos que casi matan a tu hermana, a tu cuñado y a Liam. Deben saberlo porque, puede que sea yo la que haya recibido ese mensaje hace una semana atrás, y estoy segura de que si ese texto es verdadero, lo cual es más seguro que sí, van a enviarle uno en cualquier momento a Brisa. Lo presiento —le digo.
Asiente lentamente.
—Bien —me rodea con sus brazos y respondo a su acto de inmediato—. Lo bueno es que no han enviado ninguno más y no han vuelto a llamar —me dice.
—Sí, pero no hay que bajar la guardia —respondo contra su pecho.
—Y no lo haremos.
Brisa:
Tomo a Emma de su coche y la envuelvo en su manta. Agarro el bolso en el que guardo algunas de sus cosas y me dirijo a la puerta junto a Gastón.
Al estar abajo, me subo al vehículo y observo a mi novio rodearlo para adentrarse al auto.
En el transcurso del viaje hacia el nuevo departamento de mi mejor amiga, además de pensar en lo que Stef me va a decir, pienso en Tiffany y en Gastón. Me aterra el saber que existe la posibilidad de que viajen juntos.
Mis celos y yo...
Pero, ¿auién no se pondría celosa? El padre de mi hija ha tenido que besuquearse con esa para las filmaciones de una película de amor, no puedo no estar celosa. Sí, puede que solo sea actuación, pero igual. Además, estoy segura que Tiffany gusta de mi novio. La he visto en persona solo una vez y, con eso ha sido más que suficiente para notar como lo miraba a Gastón.
Puede que mis celos me estén jugando en contra, pero igual no voy a hacerme la idea de que esa chica es una santa que quiere tener al bombón de mi novio solo como un amigo más. Ja. Ni borracha voy a creer eso.
Siento la mano de mi novio posarse en mi pierna, lo cual me encanta.
Amo el efecto que Gastón tiene en mí apenas me toca, es encantador.
Mientras que con un brazo sostengo a Emma, aprovecho que mi otra mano está libre para poder acariciar la mano de mi novio.
Dejando mis celos de lado, me siento envuelta por una capa de preocupación por Stef. ¿Qué será lo que deba decirnos?
En la llamada pude notar al instante que algo le pasaba, lo cual hace que me preocupe.
Cuando llegamos al edificio, nos dirigimos directo al ascensor. Al estar en el piso siete, caminamos por el pasillo hasta llegar a la puerta correspondiente.
Isaac no tarda en abrirnos la puerta.
Luego de darnos un pequeño abrazo como saludo, nos indican que nos sentemos en la sofá.
Por alguna razón, siento que lo que nos dirán, no será muy bueno. Lo vengo presintiendo desde que Stef me llamo hace un rato y dijo que debíamos hablar.
Le paso a Emma a Gastón.
Mi hermano y mi cuñada toman asiento enfrente nuestro.
—¿Y bien? —comienzo a hablar—. ¿Qué es lo que tienes que decirnos?
Stefania me explica que hace una semana atrás, recibió varias llamadas de un número privado, el cual también le dejo un mensaje, advirtiéndole que debía contestar a las llamadas y comentándole que Kendall se parece a su verdadero padre y a mi amiga. También me comentó que al siguiente día de haber recibido aquel texto, la llamaron. Me explica que escuchaba su voz y la de Matt y me asegura de que esas voces eran provenientes de un vídeo.
Río sin una pizca de gracia.
—Es chiste, ¿no es así? —me levanto de mi asiento.
—No, por supuesto que no es chiste. ¿Cómo puedes pensar que bromearíamos con algo como esto? Pero si no nos crees, tengo el registro de llamadas y el mensaje.
La miro.
Quiero que la explicación que Stef me ha dado, sea una mentira. Pero es cierto, ¿cómo mi hermano y mi mejor amiga irían a bromear con algo como esto?
Me quedo en silencio y dirijo mi mirada hacia Gastón.
—¿Tú qué crees sobre esto? —le pregunto y me mira.
—Ellos no irían a mentirte con algo así, Brisa.
Suelto un suspiro.
—¿O sea que ahora voy a tener que estar asustada de nuevo?
Mi novio me toma de la mano para que me siente.
—Mira, Brisa... Sé que es feo recibir una noticia así pero, debías saberlo. Te lo teníamos que decir. Aunque, aún no sabemos si es verdad.
—Oh, claro que es verdad. —digo—. ¿Quién además de tus padres, los míos, Gastón y yo, sabíamos que Kendall no es la verdadera hija de Isaac? —pregunto.
—Sí, bueno, pero aún no estamos seguros de que sea verdad.
—¿Crees que no sé lo que intentas hacer, Stef? Intentas tranquilizarme diciendo que aún no sabemos si es verdad o si no lo es. Pero, ¿sabes qué creo? Que lo es —apoyo los codos en mis rodillas y cubro mi cara—. Si han comenzado a enviarte mensajes a ti, ¿cuánto falta para que me envíen uno a mí? —levanto mi mirada para ver a Gastón—. ¿Qué pasa si "D.M" ha vuelto? —le pregunto.
—No sabemos si es D.M. Tyler y Debby están en la cárcel —me dice mi novio—. Además, si lo piensas, ¿por qué irían a enviarle un mensaje a Stefania y no a ti? Es raro, Brisa. No digo que sea falso, pero tampoco creo que el texto sea verdadero, puesto a que la principal de todo lo que pasó el pasado año, eras tú.
—Pero, ¿y cómo explicas las voces que Stef oyó en aquel llamado? o ¿por qué la llamarían de un número privado? Y, si son vídeos como ella cree que son, ¿cómo fueron a conseguir aquellas filmaciones, Gastón? ¿Qué tal si Caitlin fue quien envió el mensaje? Metimos a su hermana tras las rejas, puede que quiera vengarse —miro a mi hermano y a mi cuñada—. ¿Y ustedes por qué no fueron a la policía?
—¿Para qué? ¿Qué van a hacer ellos? De seguro dirían que los llamados y el mensaje es una broma. Así que sería inútil. Hace una semana que no hemos recibido llamadas ni mensajes, pero si vuelven a enviar o a marcar el número de Stef, iremos a la estación de policía.
Saco mi teléfono del bolsillo de mis jeans, para revisar el mensaje que me ha llegado.
"Te estoy observándote. En realidad, a todos.
–?"
