Capítulo 16 El beso que no debió ocurrir

La tormenta no amainó hasta bien entrada la madrugada. El generador nunca se activó. La única luz que quedó en la casa segura fue la de la vela que Dante había encendido, y hasta esa se consumió poco a poco hasta dejar solo un resto de cera derretida y un hilo de humo que se disolvía en la oscuridad...

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