Capítulo 17 Las flores que no debían llegar

La mañana después del beso amaneció gris y pesada, como si la tormenta de la noche anterior se hubiera negado a irse del todo. Isabella abrió los ojos en el sofá del salón. No había subido a su habitación. Se había quedado allí, envuelta en la manta que Dante había dejado sobre el respaldo días atrá...

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