Capítulo 20 Porque nadie más iba a morir por mi culpa

La luz del amanecer entró tibia y pálida por las rendijas de las persianas. Isabella abrió los ojos despacio. Seguía envuelta en la manta, pero ya no estaba recostada contra el pecho de Dante. Él se había desplazado apenas, lo suficiente para que ella pudiera dormir con la cabeza apoyada en su muslo...

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