Capítulo 42 cap 42

El amanecer en el ático de Spencer no entró con la delicadeza de los rayos de sol, sino con el calor de su aliento contra mi oreja. Me desperté lentamente, emergiendo de un sueño profundo inducido por los analgésicos, pero lo que me devolvió a la realidad no fue el dolor de mi mano, sino el rast...

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