23

Le acerco el anillo a su cara y todavía no puedo creer que finalmente dijo que sí. ¡Ana finalmente aceptó ser mi esposa, esto es más que increíble!

—Amor, soy uno, hijo de un afortunado —dije mirándola directamente a los ojos, que ahora me miran con un cierto tono de sorpresa—. Te amo, señora Fuent...

Inicia sesión y continúa leyendo