Capítulo 84

Los víveres llegaron esa mañana. Para el mediodía, el refrigerador de Eira estaba abastecido con todo lo que necesitaba para una cena estadounidense como Dios manda.

Bistecs ribeye. Camarones gigantes. Espárragos. Papas.

Mar y tierra parecía una apuesta segura. La hoja de cálculo de Lila decía que...

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