Capítulo 41 La carta de David

No lo abrí en el banco.

Zael no me pidió que lo hiciera. Simplemente salió conmigo del edificio hacia la calle silenciosa y se quedó a mi lado mientras yo miraba el sobre en mis manos.

—Hay un café a dos calles de aquí —dijo.

Caminamos.

El café estaba tranquilo a esa hora. La calma de media maña...

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