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—¡Buenos días, Lady Zara!— exclamó Beatrice, jadeando cuando llegó a la mesa de la recepcionista.

—Tranquila, querida— Lady Zara intentó calmarla mientras tecleaba en el teclado y miraba la pantalla de la computadora.

—Estoy tarde— Beatrice exhaló, aún tratando de recuperar el aliento.

Todo era c...

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