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—¡Arriba y a brillar! —chilló una voz estridente, haciéndome despertar asustada como si hubiera tenido la pesadilla más aterradora de mi vida y casi cegada por los rayos del sol mientras cerraba los ojos inmediatamente, poniendo las palmas en mi cara.

—¿Espero que hayas dormido bien, bella durmient...

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