Primer beso

—¡No podemos oír nada aquí arriba, Aiza!—susurró Emily en mi oído. Tiene razón, no podemos oír nada más que nuestros corazones latiendo y nuestras respiraciones entrecortadas.

—Sí, no podemos oír nada. Esperemos un rato—le respondí mientras sacaba mis piernas de debajo de mi regazo y las estiraba. ...

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