Capítulo 5 Susurros en la Oscuridad 3

Se quitó el traje de sastre azul medianoche y se puso una ropa más oscura y funcional que guardaba en su armario para las sesiones de gimnasio nocturnas. Se quitó los tacones y se puso unas botas de cuero. Se borró el labial rojo, dejando sus labios al natural, pálidos y decididos.

Miró el reloj. Once y cuarenta y cinco.

Salió de la oficina en silencio, evitando las cámaras de seguridad que conocía tan bien. Sabía qué puntos ciegos usar, qué códigos de mantenimiento todavía funcionaban. Bennett Corp le había enseñado a ser eficiente, y ahora iba a usar esa eficiencia contra ellos.

Al bajar de nuevo al sótano 3, la oscuridad parecía más profunda, más acogedora. Se acercó a la puerta de la sala de servidores. Javier no estaba allí.

—¿Has venido por la verdad o por venganza? —la voz de Javier volvió a surgir de la nada. Esta vez, Sofía no se asustó.

Se giró para verlo. Él también se había cambiado. Llevaba ropa táctica negra que acentuaba su físico imponente. En su mano, sostenía un dispositivo electrónico que parpadeaba.

—He venido por ambas —respondió ella, dándole la cara con una intensidad que hizo que Javier enarcara una ceja—. ¿Puedes abrir esa puerta?

—Necesito tu ayuda para el escáner de retina del segundo nivel —dijo él, acercándose—. Pero antes de entrar, Sofía... tienes que saber que una vez que crucemos este umbral, no hay vuelta atrás. Serás una traidora para tu padre y una criminal para el mundo. ¿Estás lista para perderlo todo?

Sofía miró la puerta de metal, el símbolo del imperio que la había criado y que ahora intentaba devorarla. Pensó en Julian, en su rostro sin vida en una habitación de hotel en Londres. Pensó en la mano de su padre en su mejilla, marcándola como a una posesión.

—Ya lo he perdido todo —dijo ella, su voz firme como el acero—. Solo me queda el veneno. Y estoy lista para empezar a repartirlo.

Javier la miró con una mezcla de respeto y algo más profundo, algo que quemaba bajo la superficie de sus ojos azules.

—Entonces, bienvenida al mundo real, niña del vestido rojo.

Javier conectó su dispositivo al panel de control. Las luces de emergencia parpadearon en naranja y un zumbido sordo recorrió las paredes. Sofía se acercó al escáner, permitiendo que el rayo láser leyera su identidad.

"Acceso concedido: Sofía Bennett. Bienvenida".

La puerta se abrió con un silbido hidráulico, revelando el corazón de la conspiración. Un bosque de servidores negros, iluminados por miles de luces LED parpadeantes que parecían ojos vigilantes en la oscuridad. El frío allí era insoportable, pero Sofía no temblaba.

Caminaron hacia la consola central. Javier insertó el USB y sus dedos empezaron a volar sobre el teclado, abriendo ventanas de código que Sofía apenas comprendía. Pero entonces, una imagen apareció en la pantalla principal.

No eran solo datos. Eran rostros. Miles de rostros. Y junto a ellos, historiales médicos, grabaciones de audio, registros bancarios y algo llamado "Predicción de Conducta".

—Es un sistema de control social —susurró Javier, su rostro iluminado por el resplandor azul de la pantalla—. Apex no vigila lo que haces. Predice lo que vas a hacer y permite a Bennett Corp "intervenir" antes de que seas un problema.

Sofía miró la pantalla, horrorizada. Vio su propio nombre en la lista. Vio el de Julian, marcado con una cruz roja y la palabra: "Eliminado". Y vio el de Leo.

—Leo... —su corazón se hundió—. Está en la lista de intervención inmediata.

—Tenemos que sacarlo de allí —dijo Javier, pero de repente, una alarma silenciosa empezó a parpadear en rojo—. Nos han detectado. El sistema ha bloqueado la descarga.

—¿Qué hacemos? —preguntó Sofía, el pánico empezando a filtrarse de nuevo.

—Alguien ha activado el protocolo de cierre manual desde arriba —Javier la miró con urgencia—. Tu padre. Sabe que estamos aquí.

En ese momento, el sonido de botas pesadas resonó en el pasillo exterior. El equipo de seguridad táctica de Bennett Corp estaba llegando.

—Corre —dijo Javier, agarrándola de la mano. El contacto fue eléctrico, una descarga de energía que la obligó a reaccionar—. ¡Corre, Sofía!

Salieron de la sala de servidores justo cuando los primeros disparos impactaron contra la puerta de metal. El sonido fue atronador, un estallido de violencia que rompió definitivamente la dulce apariencia de su vida.

En medio del caos, del humo y de las luces rojas de alarma, Sofía se dio cuenta de que su viaje acababa de empezar. Ya no era la princesa de Bennett Corp. Era una fugitiva en su propio reino. Y el hombre que la llevaba de la mano era su única esperanza... o su perdición definitiva.

Mientras corrían por los túneles de servicio, los susurros en la oscuridad se habían convertido en gritos de guerra. Y Sofía, por primera vez, se sintió verdaderamente viva.

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