Capítulo 38

Reghes se sentó en su cama frente a mí. Por una vez, su rostro había perdido su alegría.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—No soy quien crees que soy —respondí.

La boca de Reghes se abrió de sorpresa, pero sus ojos oscuros permanecieron impasibles.

—No soy una prima lejana de Gaia y Gallen. Fui rescatada ...

Inicia sesión y continúa leyendo