Capítulo 8 Lo que no debía pasar.

Lina se quedó paralizada. La mano de Ignacio le agarraba la muñeca con fuerza, pero no con brusquedad. Era una caricia. Un ruego. Un grito silencioso.

—Lina —susurró él, con la voz ronca, cargada de whisky y de dolor—. No te vayas.

Lina sintió que el corazón se le salía del pecho. Intentó soltarse...

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