Capítulo 42 MI SILLA SIGUE OCUPADA

—No pienso ceder mi lugar por una deshidratación de cuarenta y ocho horas.

Renzo guardó silencio al otro lado del teléfono. Dante, de pie junto a la ventana del hotel, dejó de cerrar su maleta. Todavía llevaba en la muñeca la pulsera de acceso a la clínica que le habían puesto por error cuando entró...

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