Capítulo 2 Capítulo 2
Amber sintió como sus pies perdían fuerza a medida que se aproximaba al banquete que sus padres habían preparado.
Había vuelto a la casa, sus padres no pronunciaron ninguna palabra de lo que pasó. Ignoraron el hecho de que ella escapó.
Por más que quiso postergar la reunión, no pudo. Los invitados habían llegado hace más de media hora. Y la presión cada vez se sentía mayor. Caminó escuchando las risas, como si fueran íntimos amigos, como si con lo que habían pactado, no estuvieran destruyendo la vida de alguien.
Amber se aproximó un poco más, su padre al ver que ella había llegado por fin, se puso de pie, en ese momento sus invitados también lo hicieron. Amber subió su rostro lentamente hasta poner su mirada en aquel hombre que estaba frente a ella.
Su rostro palideció al ver que era el mismo hombre con el que tuvo el accidente minutos atrás.
Ella apretó sus manos por detrás de su cuerpo… nada más podría salir mal, era lo único que pensaba ella.
—Hija, acércate. Quiero presentarte a mi socio y su hijo, tu prometido.
William estiró su mano hacia ella. Con una sonrisa irónica en su rostro.
—Encantado de conocerte, William Taylor —ambos estrecharon sus manos.
No obstante, ella la retiró con rapidez. Su cercanía, su contacto, había generado escalofríos en ella, en todo su cuerpo.
William se acercó, colocando su boca cerca de su oído. Sintiendo su olor, su miedo y su desesperación.
—Amber Johnson, pero yo no estoy encantada de conocerlo… para mí no es un placer.
Él elevó la comisura de sus labios formando una sonrisa.
—Eso parece, al parecer no puedes disimular ni siquiera un poco lo que genera mi presencia ante ti…
—Su presencia lo único que genera en mí es desagrado —ella habló intentando soltar su mano de su agarre. Pero William la sostenía con fuerza.
—No me equivoqué cuando dije que jamás te alcanzaría lo que ganarás para pagar lo que hiciste con mi carro… —comentó con desdén señalando el lugar y a ella, y luego se alejó con una risa burlona—. Tuvieron que vender a su hija, para poder tener dinero.
—No le voy a permitir…
—Aquí el único que tiene el control de todo, soy yo —la interrumpió.
Amber apretó sus manos de nuevo.
Había vuelto por su padre. Aunque si hubiese sabido que su prometido era el mismo hombre con el que tuvo el accidente. Jamás hubiese vuelto.
Todos se sentaron a comer, pero Amber no probaba ni un solo bocado.
Sentía la mirada penetrante de William sobre ella. Como si con solo esa mirada, pudiera destruirla con facilidad.
—Entonces… La boda será en dos semanas —Amber escupió lo que tenía en su boca, y observó al anciano que estaba al lado de William con una sonrisa.
William subió su copa para brindar. Pero ella no podía ni siquiera sostenerla.
¿Cómo podría imaginar su vida al lado de un hombre como él?
—¿Dos semanas? Eso es muy poco tiempo —finalmente ella habló, entre titubeos. Ganando las miradas de todos.
—Es el tiempo perfecto. Nos casaremos por el civil —respondió William.
—Por lo visto nada de lo que yo diga va a tenerse en cuenta, ustedes ya tienen todo perfectamente planeado —Amber lo miró fijamente y se puso de pie—. Buen provecho, se me quitó el apetito.
—Hija, no seas descortés —susurró el hombre—. ¿Qué pensarán de ti?
Amber subió la copa con sus ojos puestos en su futuro esposo.
—Él puede pensar lo que quiera, finalmente seré su esposa… sea una santa o no. ¿Acaso mi comportamiento lo puede hacer cambiar de opinión? —ella bebió todo el contenido de la copa de un solo sorbo—. Espero que terminen de disfrutar la comida.
Amber se fue de allí, completamente indispuesta.
—Creí que habías hablado con tu hija sobre eso —el anciano habló—. Es una maleducada.
—Solo está asustada señor Taylor. Mi hija es muy dulce y noble. Le aseguro que todo esto es un malentendido —habló entre súplicas el hombre.
—¿Un malentendido? —él soltó una gran carcajada—. Acepté todo esto para salvar tu empresa. No voy a permitir que humillen de esta manera a mi hijo.
—Nadie está humillando a su hijo señor Taylor, mi hija… ella se disculpara con usted y su hijo, se lo aseguro.
—Dos semanas, para que la boda sea un hecho. Para que nuestras familias estén finalmente unidas y sus vidas no queden en la ruina.
—Sí, así es señor. Le aseguro que así será.
William se puso de pie, con el movimiento de cabeza se disculpó para poder salir de allí.
Subió las escaleras y luego de preguntar cual era la habitación de ella, la buscó.
Amber estaba tratando de quitarse su vestido, necesitaba quitarse de encima esa farsa… al menos por una noche.
—Dos semanas… ¡Dos semanas! —se repitió ella una y otra vez—. ¿Cómo voy a casarme con ese hombre en dos semanas? No quiero arruinar mi futuro de esa manera.
—¿Sueles hablar sola? —Amber se giró completamente sobresaltada cuando escuchó una voz gruesa detrás de ella.
—¿Qué hace en mi habitación? —cuestionó totalmente alarmada, colocando una mano en su pecho evitando que el vestido cayera—. ¿Quién le dio permiso de estar aquí?
Él entró y cerró la puerta detrás de él. Su mirada, su cuerpo… absolutamente todo de él gritaba peligro.
—¿Quién te dijo a ti que necesito permiso para ingresar en la habitación de mi futura esposa… de mi mujer? —espetó con burla.
—¡No soy su esposa!
—Puede ser… por ahora.
Él caminó rodeándola y se ubicó detrás de ella. Puso sus manos en la espalda desnuda de Amber haciendo que todo su cuerpo se erizara.
—¿Qué cree que está haciendo?
—Solo estoy ayudando a mi futura esposa a terminar de quitar su encantador vestido.
Él terminó de bajar el cierre del vestido dejando descubierta la espalda de Amber.
Por unos cuantos segundos, quedaron en silencio y el único sonido que se percibía entre esas cuatro paredes, era el sonido de sus respiraciones.
Ella se giró y quedaron muy cerca el uno del otro, sus rostros quedaron tan cerca que el aliento cálido del otro golpeaba en su piel.
William la tomó de la cintura y terminó de acercarla a él, con esa determinación que lo representaba.
Si ella se comportaría de manera rebelde, él no dudaría ni un solo segundo en quitarle su rebeldía.
