Capítulo 4 Capítulo 4

Amber tuvo una de sus peores noches, aunque estaba completamente segura de que no era la única.

Y que de ahora en adelante sus noches serían completamente tormentosas durmiendo bajo el mismo techo que el hombre que era el responsable de su desgracia.

Bajó las escaleras, miró de reojo a sus padres, pero continuó de largo, tenía ese sentimiento acumulado en su pecho. Ese sentimiento que no dejaba que entendiera por completo a sus padres.

—¿Ahora te vas a comportar así?

—Iré a la universidad, ¿Tengo prohibido hacerlo acaso? —ella preguntó con ironía.

El hombre se puso de pie y caminó hasta donde su hija mientras apoyaba su brazo a un bastón.

—Jamás te prohibiría que fueras de la universidad, quiero que seas una de las mejores arquitectas, que seas tan exitosa, porque te lo mereces. —Ella bufó generando desconcierto en su padre.

—Bueno, puede que tú no me prohibas ir a la universidad. Sin embargo, ese hombre que conseguiste como esposo para mí, ese es capaz de prohibir eso y mucho más.

—No hables así de William. Él se ve un buen hombre.

Él intentó acercarse a su hija, pero ella retrocedió.

No quería lastimarlo, amaba a su padre. Pero la herida que él y su madre estaban causando en ella, esa herida no podría sanarse tan fácil.

—Un buen hombre jamás obligaría a alguien a casarse con él. Papá no quiero discutir, tengo dos semanas para ser libre, antes de que todo se vaya a la basura.

—Hija…

—No sigas. Tú aprovecha esta oportunidad, busca la manera de recuperar la empresa, de recuperar todo lo que preferimos y que ahora está en manos de esa familia… de ese hombre.

Él bajó la cabeza, su corazón dolía. Tal vez no dolía tanto por su enfermedad, por eso que taladraba sus músculos dentro de su pecho. Más bien dolía por hacerle daño a su hija, a la luz de sus ojos.

—Un año papá. Un año va a durar un matrimonio. Y más te vale que no intentes nada para hacer que yo dure más tiempo casada con él.

—Ese es el trato y te juro que lo voy a respetar.

—No solo eso papá, no quiero que intentes que mi hermana sufra por esto, y que ella sea una solución a tus problemas. Ya arruinaron mi vida… no lo hagan también con ella.

Amber trago fuerte saliva, hablarle así a su padre formó un nudo en su garganta.

Ella llegó hasta su carro y observó el rasguño que aún estaba allí. Odiaba el hecho de que lo hubiese visto antes de saber la verdad sobre él.

Amber llegó hasta la universidad, estar lejos de la realidad de su casa era algo que agradecía.

Entró a su primera clase, su amiga se acercó con la misma sonrisa con la que siempre permanecía.

—Te ves demasiado tensa, ¿Sucedió algo el fin de semana? —Amber negó con su cabeza.

Estuvo a punto de decirle lo que estaba sucediendo con su vida. Pero las palabras de William cayeron como un balde de agua fría, recordando que todo era confidencial.

—Muchas cosas, la verdad. Pero ahora no tengo ánimos de poder explicarte. Te juro que luego lo haré —Amber se excusó, aunque no estaba usando su tono habitual de voz. En reemplazo, un tono entristecido, bastante sombrío era lo que le acompañaba.

—¿Estás segura? Amiga parece que hubieras llorado toda la noche. —Ella la tomó de la mano—. Sabes que te apoyo en cualquier cosa y cuentas conmigo para lo que sea.

—En estos momentos siento que a la única persona que tengo, con la que puedo contar es a ti. No tienes idea lo mal que me siento, pero no puedo decirte aún. No hasta que arregle las cosas.

Amber bajó su cabeza, su amiga se acercó y la abrazó por largos segundos escuchando su sollozo.

—Todo estará bien, eres fuerte, siempre lo has sido. —Amber se separó de ella y asintió con su cabeza una y otra vez—. Tal vez lo que te tengo que decir te pone de buen humor, me enteré que hay un nuevo profesor en la facultad.

Amber soltó una enorme carcajada. De cierto modo su amiga siempre hacía lo posible por hacerla sentir mejor y hacerla sonreír.

—¿Por qué la noticia de un nuevo profesor me hará sentir mejor?

—Porque dicen por ahí que es un hombre muy atractivo y no solo eso, también es bastante sensual.

Las dos rieron, y miraron hacia los lados asegurándose que nadie las estuviera escuchando.

—Sabes muy bien que a mí no me gustan esas cosas. Prefiero estar lejos de esas tentaciones que pueden arruinar mi carrera. Y tú deberías seguir mis consejos, entre más lejos de los profesores mucho mejor.

—¡Eres demasiado amargada! —Amber chasqueó con su lengua ante el comentario de su amiga.

Mirar como hombre a otra persona que no fuera en estos momentos “su esposo" no era negociable.

Prácticamente, tenía que obligar a sus ojos a mirar a otras direcciones y tragarse los sentimientos que podrían salir inesperadamente con cualquier otro hombre.

Todo esto era un sacrificio y para que valiera la pena tenía que hacerlo bien porque de lo contrario, su familia, sus padres serían los únicos perjudicados.

—No estoy amargada solo que prefiero ver a los profesores como lo que son, las personas que nos van a enseñar y nada más. Adicional puedes estar completamente confundida.

—¿Por qué estaré confundida?

—Puede que el atractivo profesor en realidad no sea tan atractivo, si no que sea un anciano a punto de jubilarse —Amber dijo, haciendo que su amiga moviera su cabeza negando una y otra vez.

—Eso lo veremos… pero te advierto que sí en verdad es un hombre muy atractivo yo me encargaré de él y lo atraparé sin importar que sea un profesor.

Amber suspiró un poco aliviada. La conversación fuera del lugar con su amiga le había servido para tranquilizarse.

Pero ese alivio fue momentáneo, especialmente cuando escuchó esa voz que en ese momento era su peor tormento.

Poco a poco fue levantando su cabeza y lo vio ingresando ubicándose en el escritorio frente a todo el grupo.

El corazón de Amber comenzó a latir con rapidez. Sus manos empezaron a sudar de una manera desesperante.

William subió la mirada lentamente y la conectó con ella.

—Buen día, soy el profesor William Taylor. Y los acompañaré a partir de hoy por todo lo que queda del semestre.

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