Capitulo 5.

-Que incómodo fue eso-Le confesé a Violeta en voz baja cuando nos quedamos solas.

-Tienes razón.

Ambas miramos hacía arriba mientras el hombre terminaba de subir los escalones.

-¡¿Pero que estamos esperando?!-Pregunto algo alterada-Debemos subir las cosas de los señores, pero yá.

Tomó rápido un bolso de mano y una enorme maleta, dejándome a mi otra un poco más pequeña.

Una vez que estuvimos arriba, Violeta me dijo que las cosas que ella llevaba eran de la señora Elena, y que la maleta que yo tenía era de Salvatore.

-Esa es la habitación del señor-Señalo una puerta a su izquierda-Debes tocar antes de entrar...

-Ok.

Apuré el pasó, creyendo que ella me seguiría, pero el lugar de eso, camino hasta una recámara que estaba varios metros a su derecha.

Debo admitir que me quedé estupefacta al descubrir que los señores dormían en habitaciones separadas, pero eso no era de mi incumbencia y decidí seguir en lo mío.

Di tres golpecitos en la puerta como me indicó Violeta.

-¡Adelante!-Respondió Salvatore desde el otro lado. Giré la manilla y entré.

Era admirable, y al mismo tiempo algo perturbador, lo pulcra y ordenada que estaba esa habitación.

Si mi cuarto me había dejado impresionada, éste, me dejaba boca abierta.

Miré todo asombrada, pero casi sufro un colapsó en el instante en que mis ojos se posaron en el hombre. Se encontraba de espaldas hacía mí, pero se había quitado la camisa y solo tenía puesto el pantalón.

Voltee mi rostro y clavé mi vista en la pared.

-Disculpe señor, no sabía que se estaba desvistiendo-Intente que mi voz sonara lo menos alterada posible, pero no creo haber tenido mucho éxito-Le traje su maleta.

-Déjala ahí... Y dile a Violeta que en unos minutos bajaré al despacho.

-Como ordené señor.

Me di medía vuelta pero solo alcance a dar dos pasos.

-No recuerdo haber dicho que podías marcharte-Me frené en seco-¿Y si yo necesitara alguna otra cosa, te irías dejándome con la palabra en la boca?-Pregunto de manera retórica.

-Perdóneme señor, tiene toda la razón-Volví a girar sobre mis pies pero sin que lo hubiese notado, se me había acercado, y se encontraba parado justo en frente de mí.

De inmediato coloqué mi mano delante de mis ojos, para cubrirlos.

-Te llamas Stella, ¿No?.

-Si señor.

-Dime una cosa... Stella, ¿Acaso nunca has visto a un hombre sin camisa?-Tomó mi mano con su diestra y la alejó de mi cara, pero yo mantuve los ojos cerrados con fuerza.

-No señor.

-¿Que edad tienes?

-Veintiniun años.

-Y quieres que crea que nunca has visto a un hombre sin camisa-Comento, y casi podía escuchar la burla en su tono.

Supuse que pensaría eso, pero era la verdad. Los únicos hombres con los que he tratado son los clientes que frecuentan el bar y siempre mantuve distancia, con ellos no provocava ni hablar.

-Estando tan cerca de mi, no señor... Estoy siendo muy sincera...

-Ummm... Comprendo, ahora quiero que abras los ojos.

-Pero señor...

-Te estoy dando una orden-Me interrumpió, manteniendo un tono calmado pero exigente, así que tuve que obedecer.

Lentamente fui abriendo mis párpados y al mismo tiempo fui agachando la cabeza.

Mantuve mi cabeza inclinada hacía abajo, con la mirada clavada en el piso.

Salvatore colocó un dedo debajo de mi barbilla y lentamente me hizo levantar la cara.

Sin exageración alguna, creó que me encontraba parpadeando unas veinte veces por segundo, con las mejillas ardiéndome por el rubor.

-No se si Violeta te lo habrá dicho, pero yo salgo a correr todas las mañanas a las seis, regreso a las siete, y me doy una ducha que dura exactamente quince minutos-No tenía ni la menor idea de a dónde quería llegar con todo lo que estaba diciendo-El punto es que tú, debes asegurarte de traer cada mañana mi ropa perfectamente planchada y a la misma hora de siempre, ni un minutos mas, ni un minuto menos... Y cuando yo salga de mi ducha quiero verte ahí parada-señalo a un costado suyo-Y si quieres el empleo, de ahora en adelante tendrás que acostúmbrate a verme así-Ya no eran solo mis mejillas las que estaban coloradas, si no toda mi cara-¿Entendido, Stella?

-Si señor.

-Ahora sí-Se alejó unos cuantos pasos-Puedes marcharte.

Salí casi corriendo de esa habitación en busca de Violeta. Necesitaba que me dijera que otra cosa embarazosa había olvidado mencionarme.

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