Capítulo 2 Una asistente
- Esa no es razón suficiente para llegar tarde. Mucho menos para tener que escuchar ese desagradable taconeo apresurado desde que llegaste. Y por supuesto, también tengo que decirte que el café de Gen, estaba frio. Sin mencionar los papeles que tiraste en recepción cuando te aguantaste del mostrador para no caerte mientras corrías, por llegar, tarde. Obviamente. Entonces Ada, ¿Crees que tus razones valen todo el desastre que has hecho?
Un flash back de la noche anterior atravesó mis neuronas. Yuli y yo divirtiéndonos en un antro con otras compañeras de trabajo. Con el único inconveniente de que era domingo, y no debemos salir los domingos porque por supuesto los lunes se trabaja...
- Los lunes se trabaja desde las siete y media, Ada. ¿Cuántas veces repetiré esto? - dijo juntando sus palmas. Criticándome con esa mirada llena de odio y maldad. O eso era lo que yo creía desde mi lugar.
Ni siquiera me había invitado a sentarme. Que maleducado. Tan cansada que venía hoy...
- Lo siento señor. - fue lo único que pude articular. Casi quería salir corriendo con esa cara enfadada observándome.
Eduardo odiaba que no llegara temprano y lo sabía, pero tenía tanto tiempo sin salir, que anoche me divertí de más... Mucho más de lo que yo tenía permitido hacer por mí misma.
- ¿Lo siento? Por suerte no están los directivos aquí para que desaprueben este comportamiento. No es la primera vez que pasa esto. Mi paciencia se agota.
- No volverá a suceder - respondí . Él sabía perfectamente que lo que salía de mi boca era muy diferente a lo que reflejaban mis ojos. No estaba arrepentida. Pero tampoco quería ser impertinente poniendo en riesgo mi trabajo, el único sustento que tenía mi familia ahora mismo.
Me reparo nuevamente. Revoloteando sus pestañas a lo largo de mi vestimenta. Paseándose por mis curvas para luego, detenerse en esa camisa blanca de botones que llevaba puesta y esa pequeña gota de café que me había caído en una de las alas del cuello. Y si, volví a maldecir.
Nos quedamos en silencio durante un minuto que se sintió como una eternidad.
- Espero que no lo haga. Porque a pesar del tiempo que llevas aquí, sabes que eres totalmente reemplazable. Cualquiera puede ocupar tu lugar de trabajo y eres consciente de ello Ada.
Haciendo un gesto desdeñoso para que saliera de la oficina. Y asentí de inmediato.
El teléfono vibro en mi bolsillo. Saque el celular leyendo el mensaje de mi madre.
"Estamos bien, tu papa está sonriendo en el sofá gracias al show de los Jackson, amamos la televisión, gracias hija, te amamos". Cita en su mensaje y una sonrisa se desliza en las mejillas.
Termino con el emotivo momento poniéndome a trabajar y adelantando algunas citas de Eduardo. Vienen a verlos varios accionistas que se interesan en invertir en la empresa aún más, y el acepta varios tratos, así como, rechaza otros. Me llama a la hora del almuerzo para mandarme a traer su pasta con raviolis y me asqueo de nuevo. Si no fuese por esa hora que hace de gimnasio todas las tardes, ese hombre estuviese rodando a estas alturas de la vida.
Me tomo un momento para almorzar una deliciosa hamburguesa que el pago, porque al ser su secretaria me permite cargar mis comidas a su cuenta, y eso es algo que no suelo desperdiciar. Así que me enamoro de los sabores almorzando en mi escritorio, mientras tecleo varios correos en la computadora, que serán enviados el día de mañana. Quedan programados y cierro la pestaña, centrando toda la atención en la comida. Cosa que, no veo de inmediato donde la deje y palidezco. Creyendo que lo he tirado todo al suelo.
- Hola tú. - Enrique me saluda desde las sillas del frente y suspiro cuando veo la bandeja en su mano.
Miro la hamburguesa gorda y rellena de forma celestial y él se ríe caminando hacia mi lugar para entregarme la bandeja y yo le doy un mordisco de lleno a la hamburguesa, sin perder tiempo.
- ¿Qué estás haciendo en este piso?
- Vine a ver como estabas. Ayer no me respondiste los mensajes después que tú y Yuli salieron del club en el taxi que les pedí.
- Es que hacía mucho sueño, llegamos, nos cambiamos y caímos rendidas... Gracias por preocuparte.
- No es nada. Pero es importante que siempre que regresan a casa avisen. O que al menos me permitan llevarlas.
Enrique es muy amable. Y es como un mejor amigo para mí. Fue uno de los que me acogió en la empresa como una más desde que entre y se lo agradezco muchísimo.
- También venía a invitarte a almorzar, pero veo que te has adelantado.
- Me da un poco de hambre y no lo pienso dos veces para comer.
- Bueno, un día de estos vendré antes de que el hambre te ataque.
- Eso veremos - le devolví la mirada desafiante, cosa que nos hizo reír a ambos y Enrique se alejó un poco hasta la puerta del ascensor.
- El señor Orlando vendrá el viernes. Quiere que le hagas el trabajo de contratar una asistente. Esta semana estamos llenos y no podemos darnos el lujo de perder personal. Te encargaras de eso y hazlo rápido, supongo que ya lo hablo con Vecna para que no tengas problemas en ocuparte de ello unas horas. - Susurró el apodo que le tenían a Eduardo y me contuve de no carcajearme.
- Seguro que lo hizo. Intentare adelantar algo de trabajo cuando este libre y conseguiré las postuladas antes del viernes.
Enrique asintió y salió de la oficina subiéndose al ascensor.
Tome todos los papeles que necesitaba, di un sorbo más al vaso con coca- cola, y me encamine al ascensor. Iría a mi hora de descanso a leer los informes y hacer varias a notaciones para entregárselos antes de que se fuera al gimnasio.
Las puertas del ascensor se abrieron dejándome en el primer piso. Donde salude a varias de mis compañeras y algunos vigilantes.
Una mujer atravesó las puertas de la entrada. Atrayendo muchas miradas. Unos lentes tapaban sus ojos, esos que a los lados podía verse un delineado de gato tan exótico como ella. Su caminar era sofisticado y yo de inmediato me eche a un lado para permitirle el paso al ascensor.
- ¿A dónde vas? - El guardia de la recepción me pregunto, cuando recogía mi abrigo del esquinero. Poniéndomelo por encima de la cabeza y cubriendo mi cuerpo enfundado en una falda negra de tubo y largas piernas con zapatos medianamente altos.
- Iré a la hora de recreación. Ya sabe, pensar y trabajar mejor. - le mostré los papeles en mi mano y atravesé el camino hasta las puertas. Algo dudosa por irme, pero igual necesitaba un momento.
Cuando salí, de inmediato el frio clima me dio de lleno en la cara. Congelando varios músculos de mi rostro.
- Hoy no habrá buen clima...- susurre.
Esperaba que el jefe no pidiera nada a esta hora, porque con este clima solo podía agarrar rápidamente un resfriado…
